La educación de las hadas

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Más Gulliver, menos Harry Potter

19617Tengo que confesarlo. Detesto los libros juveniles. Puede parecer extraño en alguien a quien le encantan los cuentos de hadas. Hay quien detesta los pasodobles o los toros o las palomitas de maíz entre los dientes. Yo me conformo con hacerlo con los libros así llamados: “juveniles”. Será que ya soy poco juvenil, o que no lo fui nunca (en tanto de joven ya detestaba los libros juveniles). Primero habría que definir qué es un libro juvenil: aquel que la industria editorial lanza destinado a priori al lector adolescente. Hay excelentes libros juveniles, como los de Alejandro Gándara, la serie de Flanagan de Andreu Martín y Jaume Ribera, o los Manolito Gafotas de Elvira Lindo, incluso La compañía de las moscas y La Catedral de César Mallorquí- en nuestro país; o bien El libro de las cosas perdidas del irlandés John Connolly. Luego hay libros juveniles de consumo, que hacen pensar bien poco al adolescente, adobados de cierto gnosticismo travestido de hipotética imaginación, como los de Harry Potter y su interminable estela de imitadores de mundos fantásticos, mágicos, de imaginarias realidades plenipotenciarias sobre la pobre realidad cotidiana de la que se huye. De la que se huye en beneficio no sé bien de qué o de quiénes, pero sí sé que en detrimento de la inteligencia más inmediata sobre el juicio crítico de lo que rodea al adolescente potterizado.

Cuando yo era joven o algo parecido, los libros juveniles eran aquellos clásicos mal catalogados con el jovial adjetivo. Eran La isla del Tesoro, de Stevenson, por ejemplo, o Los viajes de Gulliver de Swift y el Robinson Crusoe de Daniel Defoe, por citar otros ejemplos. Se hacían, además, “adaptaciones” : se quitaban enjundia, escenas comprometidas (guardo como oro en paño el recuerdo de escenas eróticas de Los tres mosqueteros de Dumas), parrafadas de los textos originales y se presentaban sinópticos los textos. Aun así, valía la pena: afianzaban el conocimiento somero de esos clásicos que de tal modo expandían su carácter mítico en los cerebros de una nueva generación lectora. Un adolescente podía no haber leído Ivanhoe de Walter Scott, pero de tal guisa sabía de que iba y qué era el Ivanhoe al menos. Aunque se siguen haciendo adaptaciones, recortando los textos a la medida de la edad, hoy día esta función está sobre todo en manos del cine e incluso de algunos videos juegos. mauoopfepotter

A estos libros clásicos (pésimamente supuestos como juveniles) del pasado, no los detesto. Mi forma de detestar, por añadidura, se ve aminorada, suavizada en la creencia cervantina de que no hay libro malo. Ocurre que a veces uno, ante tanto entorno villanamente avellanado, se levanta con el carácter del Cervantes del Segundo Prólogo del Quixote y entonces me parece bien emplear el verbo detestar. En realidad no detesto esos libros en sí, sino la especulativa industria infantilizante que nos los mete hasta en la sopa. Cuando se lanzó Harry Potter y el cáliz sagrado, 9000 camiones de FedEx distribuyeron los libros, tal si fuera el lanzamiento del enésimo iPhone. Que un libro sea adecuado para la edad juvenil no debe implicar que el libro sea infantilizante. Más bien que ayude a hacer más adultos a los adolescentes, siendo tal la dirección de la adolescencia, acabar siendo un adulto en su final, un adulto que pueda sentir de nuevo como un niño pero no que piense como un niño. El cambio ha consistido en que antes los jóvenes podíamos leer obras literarias y ahora a los jóvenes se les ofrece obras de consumo. 15725-MLA20108158198_062014-C

En mi adolescencia me acompañaron, merced a las ediciones de Editorial Molino, Agatha Christie y Arthur Conan Doyle; Stevenson y Dumas merced a Bruguera. Un día vino a mi sofá Dostoieveski con Humillados y ofendidos y Crimen y castigo, por haber seguido manoseando las ediciones de Bruguera. Y también estuvo una de las obras que he citado arriba: Los viajes de Gulliver del irlandés Jonathan Swift. Esta obra representa el típico clásico del que dicen: ¡oh, literatura juvenil! Falso.

Falso que sea literatura juvenil. No obsta: es una obra que puede interesar a cualquier adolescente. Tal es la costa a la que quería arribar. Los viajes de Gulliver encarnan lo más deseable para una literatura en manos de un adolescente y al mismo tiempo es un libro que no fue escrito para adolescentes. Salen enanos, gigantes, caballos que hablan, etc. Sin embargo, la intención es la ironía, la burla ante la maldad del ser humano. O sea, irrumpe un modo de pensar que forma al adolescente, puesto que, en teoría, de niño no había tenido ocasión de albergar tales sentimientos. Enseña realmente algo nuevo y lo hace de un modo divertido. Veamos el uso de la ironía por Swift muy a propósito de lo que acabamos de decir, cómo diciendo una cosa apuntala veladamente la contraria:

“Quizá habría podido asombrarte [lector], como hacen otros, con fábulas extrañas o inverosímiles, pero he preferido contar hechos verídicos, de la forma y estilo más sencillos, ya que mi propósito principal era informarte y no divertirte”.

Bien que divierte este socarrón irlandés y, en el fondo, nada más verídico que lo que nos va a contar sobre los hombres. La obra la conocen. El título original es Travels into several remote Nations of the World, in four Parts, by Lemuel Gulliver. Esas cuatro partes son sendos viajes, después de naufragios y algún motín, a:DocuImage 620s

  • Lilliput (1699-1702)
  • Brogdingnag (1702-1706)
  • Laputa (1706-1710)
  • Houyhnhnms (1710-1715)

El viaje a Lilliput, el país de los enanos, y el siguiente viaje a Brogdingnag, el país de los gigantes, constituyen una sátira de la monarquía de su tiempo. Afirmen incluso que una sátira del poder político de cualquier tiempo.

El viaje a Laputa (Swift conocía lo que significaba la palabra en español), isla con base de diamante que puede flotar en el aire y así hacer la guerra a otros territorios, conforma una sátira del mundo académico, concretizado en la Royal Society, pero también alberga una crítica al imperialismo: a Inglaterra (la tierra de Laputa) explotadora de Irlanda (la tierra de Balnibarbi).

gulliver-morten22El viaje al país de los Houyhnhnms (onomatopeya de un relincho) es la parte más interesante. Contiene una lucida sátira de la condición humana. Se confronta el carácter noble y racional de los Houyhnhnms, caballos que hablan, con el carácter repulsivo, salvaje, rudo, de los Yahoo, criaturas muy parecidas al ser humano.

La obra concluye con que el cirujano Lemuel Gulliver, renuncia voluntariamente al contacto y al conflicto humano, abandonando a esposa e hijos, para encerrarse en la cuadra junto a sus dos caballos cuya compañía es lo único que ya desea, alejado de la “infernal costumbre de mentir, engañar y confundir, tan firmemente arraigada en lo más íntimo de mis semejantes, especialmente los europeos”.

Tal ha sido el viaje iniciático de Gulliver desde que 16 años y 7 meses atrás abandonara el barrio judío de Londres como cirujano para zarpar en el “Antílope” hasta el suroeste de Australia donde tras una tormenta recalaría en la tierra de Lilliput. Un viaje no hacia la fantasía (a pesar del uso de enanos, gigantes, caballos parlanchines), un viaje dentro de la condición humana haciendo uso de la fantasía. Tal es el tuétano de la fantasía cuando se usa con una intención más allá de sí misma. Porque defiendo la fantasía, digo que necesitamos más Gulliver y menos Harry Potter. Los jóvenes y los adultos. Gullivers_travels

Pasarán los años y las modas, los Harry Potter y otros brujillos de medio pelo, seguirán existiendo los yahoo, esos seres despreciables tan parecidos al ser humano según Swift, pero siempre permanecerá la ironía adulta del escritor irlandés sobre la condición humana, tan bien elaborada que seguirá haciendo disfrutar con sus enanos, gigantes y caballos parlanchines a algún adolescente en cualquier parte del planeta y en cualquier formato. Recomiendo para los jóvenes la edición de SM, con un conciso prólogo de Zarraluki y un clarificador glosario de términos. Se encuentra en nuestra biblioteca. Por descontado, es digno de aval, al menos, el recurso a las distintas versiones cinematográficas de la obra de Swift.

Me gustaría pensar en el maravilloso libro que hubiera podido escribir en nuestros días Jonathan Swift ironizando ya no sobre los libros de viajes, la academia y la condición humana, sino sobre los potterianos libros juveniles, así llamados, así siempre mal llamados. Dios salve la memoria de los libros de Bruguera o las ediciones comentadas de Anaya, por mucho tiempo. Al menos hasta que deje de azotar este viento de largos y fríos dedos de mediocridad inducida. A saber en qué gulliveriana isla despertaremos náufragos alguno de estos días. houyhnhnms

 

Posdata en forma de dos curiosidades y un enlace:

1. Swift fue un devoto cervantino. La elegancia de su ironía debe mucho al autor del Quixote.

2. El nombre femenino de Vanessa fue creado por Swift, como pseudónimo para una pupila amada, un hipocorístico de Esther (ESSA en inglés) mezclado con el el apellido de la dama: VANhomrigh.

3. Adaptación de la obra en audiolibro, presentada por Mario Vargas Llosa:

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