La educación de las hadas

Espacio sobre Proyectos Educativos

El paréntesis (educativo pero festivo: Infeliz Pisa y Feliz Navidad)

parentesis 2 hombreEl otro día (no he podido sustraerme a la idea de comenzar un artículo escribiendo el otro día), un alumno (Marcelo, 4º de la ESO, lean su entrada sobre La vida, nada más y nada menos: no tiene desperdicio) escribió una entrada en su blog educativo que me llamó poderosamente la atención (perdón por la profusión parentética y, ya de paso, por el atropello de palabras agudas).

Quien me lee, lo sabe: nos valemos poco de los paréntesis. Pero hoy (podía haber sido el otro día pero es hoy), me he sorprendido barruntando que tal vez el quid del acto educativo reside más en un paréntesis, en lo que gira en torno a la tesis principal, en los excursos, que en la idea principal y rotunda a la que obligan algunos dogmáticos transcursos.

Y el título del alumno en su artículo me ha sabido a paréntesis: la diferencia entre aprender y aprobar. Obvio que aprender no es igual que aprobar, por mucho que en tantas ocasiones aprobar implique que se ha aprendido. Todos sabemos, por otra parte, que muchos alumnos olvidan lo aprendido luego de un examen al poco.

El título del alumno (“La diferencia entre aprender y aprobar”) no puede ser la tesis principal del motor educativo, pero sí es un importante combustible, una importante adición, un importante paréntesis a cualquier idea principal sobre educación.

Blog de uno de nuestros alumnos: Marcelo

Blog de uno de nuestros alumnos: Marcelo

Si enseñamos que es deseable únicamente estudiar para aprobar estimularemos la enseñanza, sin embargo lo haremos apoyados en cierto mecanicismo que se desconoce a sí mismo.

examenDebemos enseñar que es deseable estudiar para aprender. Y que se debe aprender para ser mejores personas. Que si la enseñanza posee algún sentido teleológico, reside en aquel que conduce a que las personas sean mejores de lo que lo son en el momento de iniciar la enseñanza concreta. No podemos seguir enseñando en un sistema que podríamos denominar sistema “opositor”, heredero de modos vetustos. “Opositor” en más de un sentido: uno, opositor en tanto que simplemente mandamos actividades y estudios cuyo rédito luego evaluamos en una pequeña oposición, para el caso llámase examen; dos, opositor también porque provoca la oposición natural del alumnado que carece de un estímulo que hace décadas teníamos los que entonces éramos alumnos. Por mi parte, defiendo que los exámenes, en tanto pruebas escritas, sean pocos y claros para no desprestigiar con la profusión de los llamados “controles” la importancia, el montante de una prueba escrita de conocimientos. De ahí que me guste el modelo de evaluar propio de las materias idiomáticas compartimentado en reading, writing, speaking, listening. Aunque parezca prima facie absurdo, en otras materias también deberíamos tener en cuenta el reading, el speaking y el listening además del writing, no sólo en los idiomas. Para Sociales o para otra materia, también es importante saber leer, saber oír y saber explicarse, tanto como en Inglés o en Francés.

En fin, baste echar un vistazo a otros modelos educativos europeos y americanos (y no sólo norteamericanos) para darse cuenta de que en otros lares no son tan aficionados a los llamados “controles” después de realizar actividades del libro. El trabajo por competencias básicas, guste o no guste, es otra cosa que tal transcurso del tiempo en el aula en el modelo que denomino “opositor”.

Hace décadas una de las vías de movilidad social que tenían las familias humildes (eufemismo que detesto) en España es que sus hijos estudiaran y aprobaran unas oposiciones. No es el caso de alumnos de la ESO.

rederoYo (perdón de nuevo, esta vez por personalizar con mi humilde persona y, encima, entre paréntesis) soy el hijo del redero. Del redero: de un señor que arreglaba y pergeñaba aparejos de pesca a pleno sol. Luego de ser el hijo del redero no soy nadie, no he llegado ni a mucho ni a poco. Ni soy futbolista, ni político, ni famoso de la tv, ni abogado ni médico, ni siquiera soy el militar que mi padre quería que fuese. Soy un simple profesor de enseñanza secundaria que de tanto en tanto les escribe aquí algunos textos sobre formación e innovación educativa, sobre historia de la educación, sobre la actualidad educativa, etc. Así es, no pertenezco a ningún sector de la “nobleza” actual, de nuestros nobles de ahora como hace poco mantenía Arturo Pérez Reverte en referencia a los que nos mandan. Sigo siendo del Tercer Estado, pero de todos modos soy consciente de una evidencia con respecto a hace décadas: lo paso mejor escribiéndoos estas reflexiones o enseñando en el aula que si tuviera que estar como mi padre tirado en el suelo de un muelle preparando trampas para peces.

Sin embargo, escribir tiene mucho de remendar o aparejar redes. Tal es la raíz de “texto”: escribir es un acto textil, la constitución de la trama de un tejido mediante pensamientos transmutados, alquimizados en palabras. A veces las palabras desnudas (y uno suele aprovechar los paréntesis para desnudarlas) son las más tejidas a pesar de su simpleza. Cuesta más desvestir lo real que investir lo real.

Mi padre, ya digo, era un humilde redero; un texto es una red de eros, porque el amor y su contrario arman y desarman la cohesión entre los significantes que se visten y desvisten de palabras.

Palabras: para que abras los ojos. Incluso los ojos que se esconden bajo la miríadas de poros en una piel. Palabras para la piel del ser que amen, para su piel y para sus pies: desde los que empieza (en pie) la realidad de un cuerpo puesto en marcha. Hay quien establece una necesaria diferencia entre la palabra y el acto. Yo digo que sí, pero que la palabra en sí constituye ya un acto significante.

“Los niños no se esfuerzan, son unos vagos, unos maleducados. En mis tiempos todo era mejor.” Nosotros (siendo nosotros Aquellos que Decimos, por supuesto) somos los educados y los trabajadores mayores del Reino. Yo sospecho (me lamento). Sospecho de estas afirmaciones y cantinelas. No de que sean inciertas: habría que ver la concreta casuística de cada situación. Sospecho, no obstante, de la generalización de este tipo de afirmaciones. Y sospecho también no del reciente informe Pisa, porque a mí (lo siento) PISA me gusta: me gusta que evalúen a mis alumnos en comparación a otros países. Tal comparación siempre me va a aportar algo y a servir de estímulo. Sospecho, sin embargo, de las interpretaciones tendenciosas, políticas e interesadas del reciente informe Pisa. Andalucía está mal en esos informes, sabido es. Pero el atraso andaluz es mayor y ese mismo informe nos dice que mejoramos, progresamos a un nivel mayor que la mayoría. Ocurre que el punto de partida andaluz es peor. Ocurre también que la situación socioecómica de las familias andaluzas es peor. Ocurre que desde los años 60 se sabe que los resultados de este tipo de informes (aun antes de aparecer Pisa) tienen correlación a la postre con el nivel socioeconómico de las familias. Miren la renta per cápita en Navarra, en Madrid o en Castilla-León (comunidades que sobresalen al nivel de Finlandia o Japón) y comparen con la renta per cápita andaluza. No se van a llevar ninguna sorpresa. Miren el titular del periódico ABC en 2013: “Andalucía sigue a la cola en riqueza per cápita”. ¿Para qué les voy a poner la renta per cápita de Navarra, Madrid o Castilla-León mucho mayores? Si gustan (para disgustarse), analicen aquí el PIB por habitante de las provincias españolas. De las ocho últimas, seis son andaluzas. Ocurre que estoy rompiendo una lanza no por los políticos andaluces, sino por los docentes andaluces. No estoy excusando nada, estoy tratando de explicar algo. Porque añado que hay alguna comunidad con renta per cápita (como Cataluña) superiores a algunas de las comunidades arriba citadas que en PISA está por debajo. Pero, ya digo, es la excepción. Sin duda, con recortes y con menos medios se puede hacer mejor, se puede educar mejor cambiando determinadas mentalidades. Pero no seamos tan ingenuos como para creer que con tal cambio, sin mejorar las rentas, se acabó el problema. Pues eso, que somos los catetos patrios, pese a que en nuestra tierra, en Andalucía, había templos y civilizaciones cuando en el centro o en el norte de España iban en taparrabos. Lo escribe uno, aquí su servidor, que nació en la ciudad más antigua de Occidente: Cádiz.

parentesis 2En fin, que se acerca la Navidad. Es bonita la frase (sin paréntesis). De pequeño lo pasaba bien interiormente cuando la Navidad se acercaba. Había ambiente festivo entre los adultos. Había aire de acontecimiento. Encima te compraban cosas. A los niños les gusta que pasen cosas, que el mundo acontezca nuevo o especial. Todo lo que se sale de la rutina les gusta a los niños. De adulto, sin embargo, comencé a ver la Navidad como una fiesta sospechosa de veracidad (suspicacias que uno aprende y desaprende leyendo) y, por ende, comencé a amar las rutinas felices más que los grandes acontecimientos cotidianos: la rutina deja de ser perniciosa cuando se ha convertido, construido como una pequeña ruta (digan gruta si lo prefieren) en el país de las hadas. Si creo en hadas (y cada día más), ¿cómo no voy a creer en la Navidad a pesar de todo? A fin de cuentas en la Navidad lo que se celebra es un nacimiento. ¿Se puede celebrar algo mejor? ¿Un nuevo alumno de una humilde familia?

parentesisAsí que: quiéranse, ya saben. Quiéranse en grupo, en celebraciones como la navideña y quiéranse privadamente, en la propia intimidad de un acogedor par de paréntesis entre los que guardar la pequeña llama de la lucidez, tan necesaria para aprender junto a los demás y que la rueda, la pequeña rutina del conocimiento continúe. Fue Isaac Newton quien dijo que lo que sabemos es una gota de agua y lo que ignoramos un océano: hoy han caído los paréntesis como gotas tras el cristal, veinte sin contar el que aparece en el título. Para variar, claro: no fue antes norma en nuestros artículos ni lo será más. Nos dimos el gusto de emparentarnos a los paréntesis: es que un paréntesis, de lo que quieran pero quieran algo feliz, es a lo que más pueden aspirar dos personas a formar, un paréntesis de felicidad en la efímera eternidad que nos toca vivir. Pongan ustedes dentro lo que gusten, hay espacio para ello: ( ).

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4 comentarios el “El paréntesis (educativo pero festivo: Infeliz Pisa y Feliz Navidad)

  1. Marcelo Moreno
    diciembre 9, 2013

    Muy buen artículo, lo recomiendo sin duda, me hace gracia el modo en el que se utilizan los paréntesis en este artículo (jaja aunque a veces me lío un poco), también me ha gustado bastante lo que ha hablado sobre cómo era aprender y aprobar antiguamente.

  2. claudioarturo
    diciembre 9, 2013

    Gracias, Marcelo. Eres el primer alumno que comenta un artículo del blog del “maestro”. Bienvenido atrevimiento, que sigas siendo tan curioso y estando tan interesado en la cultura, y enhorabuena por tu blog educativo, cuyo enlace pongo aquí de nuevo: http://laeducaciondeinteres.blogspot.com.es/ .

  3. Rosa
    diciembre 9, 2013

    Tu padre, de alguna manera, te dejó bien enseñado su oficio. Tienes una finísima habilidad para tejer palabras y enredarnos con ellas. Me ha ENCANTADO este artículo. Gracias por seguir invitándonos a reflexionar sobre educación y tantas cosas más. Gracias también por ese espacio entre paréntesis que nos regalas hoy. Ya lo he llenado de cosas estupendas.

  4. Elena
    diciembre 9, 2013

    Qué sabio Don Isaac, si señor.

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