La educación de las hadas

Espacio sobre Proyectos Educativos

Ayer comienza hoy: evaluando competencias básicas

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 El que espera desespera,
dice la voz popular.
¡Qué verdad tan verdadera!
La verdad es lo que es,
y sigue siendo verdad
aunque se piense al revés.
 
Antonio Machado
 

La actual Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo y las consecuentes Órdenes que regulan la concreción de los currículos de las diferentes comunidades autónomas contemplan la evaluación por competencias básicas.

LOE

Actual, pero con fecha de caducidad. Todos estamos esperando a los bárbaros, como diría el digno de admiración Coetzee; esperando a Godot, como diría otro no menos digno de admiración, uno tal que Samuel Beckett.

waiting for godot

Waiting for Godot

Esperamos una nueva ley. Y mientras espero, desespero: Antonio Machado dixit en el frontispicio de este artículo. El brindis al sol es a Juan de Mairena, tan auténtica como insólita referencia histórica y literaria para los maestros y profesores en Andalucía. Lo deseable para la nueva ley, que no pueda decirse lo que dice Beckett en Esperando a Godot: “El sol brilló, al no tener alternativa sobre lo nada nuevo”.

Algunos desesperamos tanto que antes de que aparezca la nueva ley todavía intentamos hacer buena la que con inminencia se va. Podríamos decir: ayer empieza hoy, porque las competencias básicas y su evaluación es un asunto lastrado desde hace más de un lustro ya sin lustre. Cuenten. Siete años no son nada: no es lo que canta el tango.

Se ha dicho hasta saciar lo que no se sacia: tanto cambio de ley orgánica en educación no va más que en detrimento de la educación. El asunto es manido. Más cuando son leyes sin consenso, cuando son leyes de interés partidista y no nacional.

cambiodeley

Así que a quien debiéramos, en buena ley (en efecto, había que escribirlo en cursivas), esperar más bien sería al Juan de Mairena machadiano. Aquel que abogó por una pedagogía del diálogo cordial. Casi avergüenza la mención al Mairena en tiempos de lagunas intelectuales. Antonio Machado: taciturno profesor de secundaria que se entretenía con el vuelo de las moscas. Machado a través de Mairena, ya saben:

“La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”.

dialogocordial

Exentos últimamente estamos de la necesaria cordialidad a la hora de tratar los temas educativos. Dígase por ejemplo a la hora de tratar cómo evaluar. A los profesores se les dice: evaluáis mal, evaluáis al margen de la ley. Los profesores dicen: decidnos claramente cómo evaluar o al menos dejadnos participar en las mesas dónde se decide cómo evaluar. Cuando no, dicen: esto es un galimatías, un apaño que no apaña, un trapo caliente en una frente que hierve.

Los criterios de evaluación de las áreas, según dicta la ley citada al principio de este artículo, son el referente para valorar tanto el grado de desarrollo de las competencias básicas como el de consecución de los objetivos de las diferentes áreas que conforman el currículo de la Educación Primaria y Secundaria.

Así mismo, los profesionales que atendemos al alumnado, tomando como referencia los criterios de evaluación, debemos establecer indicadores que permitan valorar a lo largo de cada nivel la consecución de los objetivos y el desarrollo de las competencias básicas. Estos indicadores deberán estar asociados coherentemente con los criterios de evaluación preceptivos y adaptados a las características y necesidades del alumnado.

Y eso es lo que hemos hecho en nuestro centro, el IES Villa de Mijas, en los dos últimos años. Asociar las competencias básicas a los criterios de evaluación para establecer unos indicadores de evaluación, con la ayuda de nuestra participación en el PICBA: programa de integración de las competencias básicas en Andalucía. (Cfr. varios artículos en nuestro blog sobre PICBA).

Ahora deberíamos establecer unos procedimientos para llevar a cabo la evaluación de dichos indicadores. La cuestión es discernir si es preceptivo y necesario que dichos procedimientos acaben por ser un corset demasiado estrecho que apenas deje respirar. Téngase en cuenta que se corre el peligro de acabar en la práctica haciendo tablas con las mismas preguntas para los exámenes todos los años, sin tener en cuenta que el trabajo por competencias respeta el dinamismo de grupos distintos y no persigue encorsetar la actuación del profesor en el estrecho margen de unas tablas llenas de rúbricas y procedimientos que quedan bien sobre el papel y luego en la práctica difícilmente se adaptan a la realidad del grupo, siempre en movimiento. Tanto la enseñanza como la educación de un grupo están siempre en circulación, nunca es un depósito estático al que volcar el mismo combustible. Por otro lado, las tablas en hojas de cálculo no garantizan la objetividad de la evaluación, puesto que la objetividad significa que califiques a un alumno sin tener en cuanto su sexo, religión, raza o si te cae mal el color rojo de su jersey. La objetividad significa que lo hagas en atención a unos mismos parámetros que conoce todo el grupo y que pueden ser incluso adaptables a cada alumno según su distinta capacidad.

Lo que aseguro es que puedes ser igual de “subjetivo” al insertar las notas de rúbricas y procedimientos si tu objetivo es no ser objetivo a priori.

Así que examinemos la cuestión: poco a poco.

¿Qué es lo que distingue el trabajo por competencias de lo que se hacía antes?

Ésta es la teoría, la respuesta teórica: abordar en el aprendizajes situaciones “concretas”: las competencias se construyen, asimilan y desarrollan con el aprendizaje y la práctica, hacen que el alumnado consiga niveles de desempeño cada vez más altos.

La Agencia Andaluza de Evaluación Educativa (AGAEVE) ha elaborado guías para centros: Guías de evaluación sobre las competencias básicas del alumnado de Educación Primaria y Secundaria Obligatoria. Consulten:

http://www.juntadeandalucia.es/educacion/agaeve/web/agaeve/guias-para-centros-publicaciones

Estas guías se basan, fundamentalísimamente, en las Pruebas de Diagnóstico. No estaría, pues, mal que hiciéramos pruebas al alumnado valiéndonos de procedimientos como los que se usan en las tales pruebas.

Así mismo la Agencia Andaluza de Evaluación Educativa se reconoce orientada por un código ético, en su propia página web, entre cuyos requisitos cita:

1. La objetividad e imparcialidad de sus evaluaciones.

2. La obligación de incluir la opinión de la persona interesada en ellas.

3. El carácter no sancionador de la evaluación.

4. La inclusión de indicadores y referentes para la mejora.

Tenemos, por tanto, y subrayamos: una evaluación no sancionadora y una evaluación que debe incluir la opinión de los interesados. Se trata de aprender a trabajar por competencias, no de sancionar a quien no trabaja o no sabe trabajar por competencias.

Lo cierto es que AGAEVE no ha proporcionado un “instrumento” claro a los profesionales, a los profesores, sobre cómo evaluar. Deja en manos de estos la confección de dicho instrumento en pro de respetar la autonomía de los centros. Con lo cual en el mejor de los casos: las familias se encontrarían con que sus hijos serían evaluados de forma distinta “concreta” según el centro al que asistan.

Hay distintas “herramientas” por internet para evaluar por competencias. Estas herramientas así llamadas son la programación en un archivo excel de tablas que incluyen los criterios de evaluación y las competencias básicas.

Aquí tienen algunas de ellas:

http://www.competenciasbasicas.net/index.php?mod=unmaterial&menu=materiales&id_material=116

http://www.adide.org/revista/index.php?option=com_content&task=view&id=339&Itemid=68

http://competenciasbasicascordoba.webnode.es/evaluacion/

Una vez confeccionadas las nuevas hojas de cálculo se podría dar a las familias información sobre el nivel de competencias básicas adquiridas por el alumnado, así como del grado de consecución de los criterios de evaluación de la materia.

¿Interesa este “logro” a los padres? Es difícil imaginar a un padre/madre reconviniendo a su hijo por no cumplir con el criterio 5 de 1º de la ESO de Ciencias Sociales o de Matemáticas.

Desde luego esta forma no de evaluar, sino de “presentar” la evaluación responde a otra cosa que a una demanda de las familias o de los alumnos.

De tal manera que se corre el peligro de olvidar el enfoque CUALITATIVO de la evaluación en aras de un enfoque meramente cuantitativo, no por mero menos complejo y, en muchas ocasiones, absurdo.

ca commence toutMiren esta escena de la maravillosa película de Bertrand Tavernier sobre educación Ça commence aujourd’ hui (Hoy comienza todo):

http://www.youtube.com/watch?v=mNgMwJsPZGA

Daniel Lefevbre es el director de la escuela: lucha por sacarla adelante, hace frente a muchos problemas, problemas sociales, niños que no comen, madres a las que le cortan la luz. Daniel intentar solucionar estos problemas, discute con las autoridades.

Frente a la rigidez del sistema educativo y a la burocracia de las administraciones públicas, Daniel y las profesoras de su escuela luchan por desarrollar su labor, pero la raíz de muchos de los problemas que afrontan están fuera de la escuela.

En la escena arriba citada, Daniel es visitado por el inspector, algo que quien más, quien menos que se dedique a esto, alguna vez ha experimentado en alguna ocasión.

No se pierdan especialmente la escena citada a partir del minuto 4,30 en adelante. El director, Daniel, trabaja con los alumnos. Va de aquí allá. Disfruta con ellos, se desborda con ellos. Está trabajando. Va de mesa a mesa de los chicos. Deja de hacer esto, haz lo otro, ¿has roto la hoja? Una vez que acaba el inspector le dice:

ca_commence_aujourd_hui_1998_portrait_w858“INSPECTOR: Bueno, bueno… He presenciado una secuencia de lenguaje donde los niños tenían que encontrar palabras a partir de gestos. Es un buen ejercicio de memoria, de motricidad, de pronunciación del lenguaje. Usted domina el feedback … y además se ve que sabe cautivar a su pequeño auditorio. Se notaba que se divertía con el ejercicio. Por contra… en cuanto al taller evite pasearse entre los grupos, distrae a los niños, debería usted leer el libro de (?)… denuncia la superposición de conocimientos que puede tener mucho peso en el fracaso escolar.

DANIEL: Y si me quedo con un grupo, ¿qué hago con los otros?

INSPECTOR: Procure que sean autónomos. La autonomía es la base de la pedagogía moderna. Otra observación importante: no olvide anotar con gran precisión en su diario de clase el objetivo pedagógico de cada actividad. Sí, la escuela debe enseñar y educar, y además eso le ayudará a evaluar a cada alumno… Ah, y luego… debe dirigirles más: a veces se deja avasallar.”

Ya les digo, si no la han visto, no se pierdan la película. Hoy empieza todo, repito que se llama así. Hoy empieza todo, hoy siempre empieza todo. La película nos retrata lo que  administraciones políticas tratan de ocultar: familias desestructuradas, familias que no llegan a final de mes, ni para pagar el gas o la luz, alcoholismo, desempleo. Daniel afronta estos problemas: auténticos problemas educativos, más allá de cualquier tabla de excel con criterios de evaluación.

La película es de absoluta referencia para nuestros tiempos. Se estrenó en 1999: sigue vigente, no lo duden, véanla. Se trata de cine social pero cine estético, cine del bueno, cinco estrellas. El cine o la literatura sociales son pésimos si no atienden a la estética. Al menos desde los griegos sabemos que lo que no es bueno es también feo. La película desató en su día un interesante debate en Francia. La propuesta reflexiva de Tavernier sigue ahí. La escuela de la película, la Leo Lagrange del Norte de Francia puede ser cualquiera de nuestros centros.

hoy empieza todo

Todos los profesores se sentirán identificados al ver la película, no sólo los de primaria. El guión lo escribieron el director, Bertrand Tavernier, su hija Tiffany y el marido de ésta, Dominique Sampiero, el cual fue maestro durante más de veinte años en una localidad del norte de Francia. Sabía de lo que escribía. Esta película, a diferencia de muchas otras en exceso “peliculeras”, recoge y refleja de una forma fidedigna lo que ocurre en nuestra profesión y en las aulas en nuestra actividad diaria. Es una película de denuncia que utiliza en muchos momentos las técnicas cinematográficas propias del documental.

Dejamos la Leo Lagrange y volvemos a la “herramienta”, así llamada; herramienta, para evaluar. ¿Por qué las administraciones educativas no presentan una “herramienta” común para todos los centros y se acaba el maremágnum de hojas de cálculo, muchas de ellas absurdas y kafkianas, en torno a la evaluación?

El problema educativo español, y más agravado: el andaluz, no es la evaluación, no es que se evalúe mal a los alumnos. Ya se ha dicho en muchas partes que ha habido un interés político en muchos aspectos de este asunto, no voy a repetir aquí lo que se dice en muchas partes y desde hace mucho tiempo.

Lo cierto es que, en cualquier caso, la evaluación por competencias debería, ante todo, generar entornos significativos de aprendizaje que acerquen la experiencia académica al mundo profesional. El alumnado debe percibir que lo que hace es relevante para la vida real. Por tal:

“la evaluación por competencias debe ser clara y comprensible para profesores y estudiantes” (Sally Brown en «Assessment for Learning». Learning and Teaching in Higher Education).

Los criterios deben ser claros y comprensibles para profesores y alumnos/as.

Cuando evaluamos competencias básicas evaluamos actitudes. Porque según la ley, la LOE, las competencias básicas tienen un carácter integrador, aunando los conocimientos, los procedimientos y las actitudes. No es que los conocimientos, los procedimientos y las actitudes hayan desaparecido: es que ahora están imbricadas en las competencias básicas.

¿Cuál es la solución? No la sé: sin alardes de honestidad. No la sé, no sé quién puede arreglar la educación española. Si la supiera lo mismo sería ministro de Educación. Pero viendo el estado de la cuestión tampoco saber la solución es un requisito para ser ministro de Educación. Lo que sí sé es que una mayor burocratización (el famoso papeleo del profesorado) no tiene nada que ver con el espíritu de trabajar por competencias.

franklin¿Cuál es la solución? No la sé, decía. Sin duda, debería pasar por involucrar. Menos tablas kafkianas de rúbricas y un poquito de más cultura, de más formación, de más vocación, de más conciencia profesional, de más orgullo. Menos tablas kafkianas porque la solución sólo puede pasar por el aro de la claridad y de la transmisión igualmente clara al alumnado y a las familias de los resultados académicos. Decía Benjamin Franklin:

“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”.

Por tanto:

  1. Basta de una enseñanza basada sólo en el “decir” del profesor que da clases magistrales y manda deberes.
  2. En pro de una enseñanza que realmente “enseñe”: muestre, haga posible el ser recordada con agrado.
  3. Absoluta necesidad de involucrar para enseñar.

Me pregunto cómo podemos involucrar a padres y a alumnos a través de las hojas de cálculo kafkianas. Más bien no sería una arrogancia presumir que supondría un mayor distanciamiento.

Involucrar, ¿cómo? De entrada: presentando al grupo antes de comenzar las unidades didácticas: los objetivos, los contenidos y los indicadores de evaluación que vamos a utilizar relacionados cada uno de ellos con las competencias básicas a desarrollar.

Por mi parte, desde el curso pasado mis grupos conocen las competencias básicas que deberían adquirir. Asunto distinto es si lo conseguimos en mayor o menor medida, pero conocer, conocen lo que deberían intentar conocer y cómo. Yo no voy a afirmar que trabajo por competencias básicas, vana ostentación dadas las críticas circunstancias que rodean tanto al alumnado como a las propias competencias básicas.

No podemos enfrentarnos al futuro como en el pasado. Evaluar por competencias es algo distinto a una mera adaptación del sistema anterior de conceptos, procedimientos y actitudes a unas hojas de cálculo con competencias y criterios en los ejes de abscisas y ordenadas.

elroto3¿Cuáles son las críticas circunstancias mencionadas? En el pasado íbamos al colegio. Se nos contaba que si estudiábamos mucho y obteníamos buenos expedientes académicos podríamos tener un buen empleo. Estudiar era un motor de movilidad social.

El problema es que hoy día estudiar ya no es una garantía de movilidad social y que los alumnos y los padres lo saben.

Que ayuda, por supuesto. Que sea ya un factor clave, es discutible. Entre otras razones porque se vuelve a una educación elitista en la que la educación pública se ve reducida a la marginalidad presupuestaria y sus profesores son observados como empleados de una factoría o funcionarios chupatintas.

La educación nunca es una factoría, nunca podrá serlo. La educación atañe a la cultura, no a ningún sistema taylorista.

Muchos profesores se pliegan y en detrimento de su orgullo profesional, de su orgullo de ser profesores, se dicen “bueno, al menos tenemos trabajo, un trabajo seguro, habrá que hacer lo que dicen”.

Con esta actitud el profesorado nunca será motor de cambio de nada, mucho menos de la vida de los alumnos, esencia de su profesión.

Ante nuevos tiempos, nuevo profesor. Os paso un artículo que me pasó a su vez una de nuestras compañeras, Patricia. Artículo de hace unos días, El País:

http://elpais.com/elpais/2013/09/11/eps/1378930400_452755.html

Artículo de encarecida recomendación. Vaya en homenaje a todos los profesionales que intentan día a día nadar contracorriente. Como los salmones, claro, luego acaban en alguna sartén. Que no sean los propios profesores los que avivan el fuego de la sartén. Y así, Antonio Machado machaca: “Es propio de mentes medianas embestir contra todo aquello que no les entra en la cabeza.” Y así unos embisten a otros, mientras: la cocina sin barrer y el amo contento del revuelo entre esclavos.

El irlandés Samuel Beckett (1906-1989)

El irlandés Samuel Beckett (1906-1989)

Siendo lo deseable: que no nos volvamos incompetentes o más incompetentes, a partir de la instauración de una evaluación por competencias sin tener en cuenta que tener en cuenta las competencias básicas supone un cambio con un objetivo: hacer el trabajo en el aula más dinámico y más práctico, no un maremágnum de recogida de rúbricas con manguitos kafkianos sobre un triste escritorio.

Ya saben, quiéranse dentro de su profesión, dentro de lo que son, dentro de lo que les da de comer. “No se achique usted tanto, Señor Rodríguez. Agrada la modestia, pero no el propio menosprecio”, como decía Juan de Mairena. Quiéranse profesores con orgullo de ser profesores, gente de ciencia, gente de cultura. Así Samuel Beckett en Esperando a Godot:

“¡Ah, las viejas preguntas, las viejas respuestas, no hay nada como ellas!”

Las viejas preguntas y las viejas respuestas a las que aludíamos en nuestro segundo artículo del blog a propósito de la película Lugares comunes de Aristarain:

https://laeducaciondelashadas.wordpress.com/2012/11/04/consejos-para-docentes/

Ahí seguimos: ahí deberíamos seguir. Ya que Godot no viene, nos vamos a ir con Franklin, de nuevo: “Well done is better than well said”.  Y lo bien hecho nos lo dice Juan de Mairena, el maestro al que dio vida literaria Machado. Escuchadlo, habla Juan de Mairena a sus alumnos:

“Yo os pido un poco de amistad y ese mínimo de respeto que hace posible la convivencia entre personas durante algunas horas. Pero no me toméis demasiado en serio. Pensad que no siempre estoy seguro de lo que digo, y que, aunque pretendo educaros, no creo que mi educación esté mucho más avanzada que la vuestra. No es fácil que pueda yo enseñaros a hablar, ni a escribir, ni a pensar correctamente, porque yo soy la incorrección misma, un alma siempre en borrador, llena de tachones, de vacilaciones y de arrepentimientos […] Para los tiempos que vienen, no soy yo el maestro que debéis elegir, porque de mí sólo aprenderéis lo que tal vez convenga ignorar toda la vida: a desconfiar de vosotros mismos”.
 

Y así la identidad cultural, tanto la de los alumnos como la de los profesores, nunca podrá ser la ignorancia ni el tristemente lema español de “¡Vivan las caenas (sic)!”. Que no, que no vivan nunca las “caenas”. Que se pueda siempre debatir libremente: es lo debido entre profesionales de la educación. Si no, ¿a qué educación valiosa podemos aspirar?

nuestraidentidadculturaleslaignorancia

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Un comentario el “Ayer comienza hoy: evaluando competencias básicas

  1. Eliseo
    septiembre 25, 2013

    Este artículo tiene musha tela.Creo que lo voy a tener que repasar.Gracias de nuevo

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