La educación de las hadas

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Hadas contra el caos

  «Pues la función del lenguaje no es informar, sino evocar».
Lacan: Escritos, «Función y campo de la palabra»
 

Coñazo de desfileHabrá quién piense que este cuento de las hadas es una coña marinera en el peor de los caos, o una utopía en el mejor de los tales. Recién escrita la frase reparo en el lapsus calami por el que ha aparecido la palabra caos en lugar de caso, cuestión del dedo más rápido que la tecla correcta. También da que pensar que algo “cojonudo” según el DRAE sea algo “estupendo, magnífico” y un “coñazo” o una “coña marinera” se refieran a cuestiones más cercanas al fastidio. El día en que un coñazo sea algo cojonudo sí que habrá cambiado algo en la relación entre géneros, en lo que toca a la lengua, más allá de los todos y las todas.

El caso es que yo creo en las hadas y en los hados, también cuando pienso en la educación.

En artículos anteriores he hablado de la etimología celta de “hada”, del caso de las hadas de Arthur Conan Doyle… De pequeño me preguntaba cómo el escritor -creador de un personaje tan escéptico, lucido y defensor del método deductivo como lo es el famoso Sherlock Holmes- podía creer en hadas a partir de unas fotografías trucadas.

Kingsley Conan Doyle, hijo de ACD

Kingsley Conan Doyle, hijo de ACD

Alleyne Kingsley (1892-1918), hijo de Arthur Conan Doyle, murió en las trincheras de la Gran Guerra de resultas de una neumonía. Piensen que el barro constante sobre los tablones de las trincheras provocaba incluso gangrenas y amputaciones de pies. No, no era difícil morir de una neumonía en una trinchera.

Antes, en 1906, había muerto a los 17 años su otra hija, Mary Louise. Tuberculosis, la causa.

El asunto de las hadas fotografiadas de Cottingley en el que creyera ACD ocurrió en 1917 pero se hizo público en 1919, meses después de la muerte de Kingsley.

Elsie Wright y Frances Griffiths, las dos chicas que supuestamente vieron a las hadas de Cottingley por las qu se interesó ACD

Elsie Wright y Frances Griffiths,
las dos chicas que supuestamente vieron a las hadas de Cottingley
por las que se interesó ACD

ACD necesitaba creer en hadas, como necesitaba creer que oía la voz de su hijo muerto. Como necesitaba creer que su hija muerta era un hada.

El hombre que escribió las aventuras del analítico Sherlock Holmes creía en hadas.

En el peor de los caos es necesario creer en hadas.

O sea, en el peor de los casos. En una trinchera lleno de barro es necesario creer en hadas o cuando la tos de la joven tuberculosa le impide pensar interrumpida continuamente por las convulsiones.

Hay personas que creen que el consumo les hará felices, o un aumento de sueldo, o llevándose el dinero robado a Suiza, o gracias a unos sobresueldos en exclusivos sobres, o que la educación mejorará recortando su presupuesto notablemente o culpando a los demás de los fracasos propios. Personas que creen en leyes orgánicas de educación no consensuadas entre los actores sociales. Yo creo en hadas, del mismo modo. Creer es gratis y yo ejerzo mi derecho, como lo ejerce el resto de crédulos.

Pero también creo en hadas porque las he visto. Las he visto fotografiadas y sin fotografiar. Las he visto volar y en tierra. En la orilla del mar o un aula. Sí, he visto hadas. He visto un hada hablar con niños felices, con niños que estaban felices porque estaban ante un hada.

Dicen que las hadas sólo las ven los niños y los limpios de corazón. Por mucho que en estos artículos enarbole tantas veces la bandera de Huckleberry Finn no soy ya un niño, se sabe. Y mi corazón no sé si está lo suficientemente limpio o impío como para que mis ojos vean hadas.  Pero yo veo hadas cuando pienso en Arthur Conan Doyle soñando con la existencia real de hadas y de voces de hijos muertos resucitados en el recuerdo.

Lillie Langtry (1853-1929),  la norteamericana en quien ACD se basó para el personaje de Irene Adler, "la mujer" de Sherlock Holmes

Lillie Langtry (1853-1929),
la norteamericana en quien ACD se basó para el personaje de Irene Adler,
“la mujer” de Sherlock Holmes

Y como creo en hadas, escribí este artículo, porque un hada dijo: Levántate y escribe, levántate y escribe un artículo del blog, un artículo de hadas. Y yo, como digo, no sé si soy niño o si mi corazón está limpio, pero la voz de ese hada es una voz tan melodiosa como la de una niña con el corazón tan limpio como si acabara de nacer. Porque tal es una de las grandes virtudes mágicas de las hadas. Hacen que tu corazón parezca renacido o que naciera de nuevo a cada instante en que sacan su varita.

Ya saben, quiéranse incluso cuando no crean en hadas o crean que todo es un cuento. No recorten sus cuentos o su capacidad para creer en cuentos. Es lo único que realmente nos sostiene como humanos. Lo demás es moneda de la más corriente y para gastarla ya hemos tenido suficientes días. Lo importante es a la vez poder creer en Holmes y en las hadas. No por nada Holmes tenía su hada particular, Irene Adler, a la que, como nos recuerda Watson, el detective simplemente la llamaba la mujer. Sí, ésa que en el anterior artículo decíamos al alimón con Lacan que no existía, pero que se muestra a veces como un oasis en el desierto de lo real.

isla de sullivanYo fui un niño que se educó leyendo las aventuras de Sherlock Holmes. Ahora soy un hombre que cree en hadas. Así que le debía a Arthur Conan Doyle estas palabras. Sea para que continúe la cadena y sigan existiendo alumnos felices que lean en las tardes, mientras comen pan tostado con aceite y azúcar luego de volver de jugar al fútbol en una playa de arena tan dorada como la que recorría el protagonista de El escarabajo de oro por la isla de Sullivan. Y es que Holmes antes de nacer se llamó Dupin en la pluma de Edgar A. Poe. Poe de poesía, tal vez. En otra ocasión, lo prometo, haremos un artículo exclusivo para Irene Adler, puesto que “para él no hubo más que una mujer”, como afirma el bueno del Dr. Watson, y esa mujer fue Irene Adler. Cuestión de armarse de hadas contra el caos. Este cuento de las hadas es un cuento y ese es su orgullo. Hasta otra, amigos.

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2 comentarios el “Hadas contra el caos

  1. Eliseo
    junio 3, 2013

    Yo nunca he creido en las hadas pero tampoco diria taxativamente que no existen porque cuando escucho a JS BACH siento algo especial que me hace dudar.
    He pasado un buen rato leyendo tus dos ultimas entradas.

  2. claudioarturo
    junio 3, 2013

    Las hadas representan el encanto, la ilusión. Gracias, Eliseo, porque es un acicate escribir pensando que hay personas como tú que están ahí, leyendo, pensando.

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