EL EXPERIMENTO POLGÁR

Claudio Arturo Díaz Redondo

 

Nannerl & Wolfa

Leopold Mozart y Anna María Pertl tuvieron siete hijos, de los cuales finalmente sólo sobrevivieron dos: Maria Anna (Nannerl) y su hermano Wolfgang (Wolfa), el último en nacer.

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Wolfa y Nannerl

Leopold –compositor y violinista– comenzó a enseñar la técnica del clave a Nannerl desde los siete años. Ella, que poseía talento musical y fue tratada desde un principio por su padre con la misma atención profesional que a su hermano, cuenta en una carta que Wolfa, casi tres años menor, la contemplaba con fascinación mientras ella practicaba, hasta que el padre se decidió a enseñar también al chico:

“En su cuarto año de edad, su padre comenzó a enseñarlo, como un juego, a interpretar unos minuetos y otras piezas en el teclado … Podía tocarlo impecablemente y con la mayor delicadeza y manteniendo exactamente el tempo … a la edad de cinco años ya componía pequeñas piezas”

Y así se convirtió Leopold en el único maestro de Wolfa, el Wunderkind (“niño prodigio”) más famoso de la Historia. Wolfa, como Nannerl, no pisaría el colegio (en su tiempo, prerrevolucionario, aún bajo el poder religioso mayoritariamente) y aprendería el resto de asignaturas entonces canónicas también de la mano de su padre.

¿Nace o se hace el genio?

Hasta el momento, la más importante jugadora de ajedrez de la Historia ha sido la húngara Judit Polgár (nacida en 1976).

Su padre, Laszlo Polgár, aún soltero había escrito un libro titulado Criar genios, donde solicitaba una esposa dispuesta a compartir un experimento que demostrara que el genio no nace, sino que se hace. Klara, también judía y maestra de escuela, aceptó el reto. Laszlo y Klara tuvieron tres hijas.

Maestros ambos, Laszlo y Klara –y sabedores de primera mano de que el sistema educativo sólo genera mediocridad– privaron a sus hijas de relacionarse a diario con otros niños en un recinto cerrado y ajeno. Las alejaron de la educación “oficial”.

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Las hermanas Polgár con su padre Lazslo

La escolarización obligatoria no permitiría la excelencia educativa porque la homogeneización consecuente impediría la especialización del alumnado en una rama del saber o de las artes a edad temprana.

Como Wolfgang Mozart, ninguna de las chicas Polgár fueron al colegio. Su padre, convencido de que el genio depende de su especialización desde la infancia, convirtió el salón de su casa en un aula donde aprendían matemáticas, idiomas como el esperanto, literatura, filosofía, ajedrez por supuesto, etc. ¿Con quién se relacionaban las chicas? Con amigos jugadores de ajedrez del padre que acudían a la casa.

Consta que las autoridades húngaras intentaron obligarlo a escolarizar a sus hijas. Lazslo se resistió. Consiguió que su primogénita, Susan, acudiera únicamente para realizar los exámenes. A priori Hungría, por entonces bajo un régimen dictatorial comunista, no sugiere un buen lugar para sortear a las autoridades educativas. Pero no menos lo es en las llamadas democracias liberales. En España hoy la escolarización es obligatoria a partir de los seis años –habitualmente se escolarizan ya desde los 3 años. Aunque existen diversas “fórmulas” legales (conviene informarse bien para no tener problemas) que emplean cada vez más familias de homeschoolers, padres que no escolarizan a sus hijos y les enseñan en casa.

El caso es que allí teníamos a nuestro judío –amante del esperanto, por añadidura– Lazslo acumulando una biblioteca de más de 10000 volúmenes sobre el genio, el esperanto, el ajedrez, etc. y renegando de que sus hijas fueran educadas por goyim  en pos de producir genios en cadena.

Sobre educación y judaísmo enlazamos artículos anteriores:

El Día del Amor y la Educación

Respecto a la educación y a los judíos, a los racistas y a los cretinos

Lazslo manifiestamente compartía el juicio de Mark Twain convertido en lema de este blog: I have never let my schooling  interfere with my education. “Nunca permití que la escuela entorpeciera mi educación.”

Resultado del “experimento” de los Polgár

Susan, la hija mayor: primero su padre intentó que fuera un genio de las matemáticas. La chica comenzó a interesarse por el ajedrez y el padre decidió ahondar en este interés. A los cuatro años Susan creó sus propios problemas de ajedrez, algunos de los cuales aún se usan en las escuelas. Con once años era capaz de derrotar a maestros internacionales. A los quince, era considerada la mejor jugadora de ajedrez de entonces.

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Los Polgár

Sofía: con catorce años obtuvo el mejor resultado hasta entonces de una mujer en un campeonato. Ganó todas las partidas salvo una, que quedó en tablas, en lo que se llamó “el saqueo de Roma”. Es la “rebelde” del trío. Estudió arte y diseño en Israel y ahora vive en Canadá.

Judit, la menor: con cinco años era capaz de derrotar a su padre. Gran Maestra internacional desde los quince años (cosa que no había conseguido antes ningún hombre), fue la primera mujer en ganar una partida a Kasparov. Llegó a ocupar la posición 27 en la clasificación FIDE con un Elo de 2711 (la única mujer que ha superado la barrera de los 2700). Hasta el momento es la mejor jugadora de la Historia, como ya se dijo arriba, su Gran Dama y ha luchado por la presencia femenina en las competiciones de ajedrez: “Las mujeres juegan peor al ajedrez simplemente por una cuestión cultural, no hay otras razones que justifiquen esta inferioridad”.

Lazslo (n. 1946) sigue vivo y publicando libros de ajedrez y esperanto. Ha manifestado: “También podían haber sido genios de la música o las matemáticas, pero elegimos el ajedrez porque es una amalgama perfecta de arte, ciencia y deporte”.

Hoy día, Susan mantiene uno de los mejores blogs de ajedrez del mundo:

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En una entrevista reconoció que no tiene un talento especial para el ajedrez, que su éxito únicamente se debió al esfuerzo y a la labor educativa de su padre.

Su hermana Sofía, aquí:

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El enemigo del pueblo

 

La literatura tiene una misión. No es sólo un modo de ganarse las habichuelas o las lentejuelas. No es un abalorio, ni un pasatiempo, aunque no excluya ambas posibilidades, por descontado, como no excluye nada: todo es posible en literatura al mismo nivel que no todo lo posible es literatura. ¿Cómo discernir lo literario de lo efímero que lo solapa? La literatura, para llegar a ser, está siempre vinculada al sujeto de la Historia como código de sus crisis. Como escribía Kafka, un libro debe ser como un hacha que rompe el mar helado dentro de nosotros, la inercia que nos congela:

“Pienso que sólo debemos leer libros de los que muerden y pinchan. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un puñetazo en la cara, ¿para qué molestarnos en leerlo? ¿Para que nos haga felices, como dice tu carta? Cielo santo, ¡seríamos igualmente felices si no tuviéramos ningún libro! Los libros que nos hagan felices podríamos escribirlos nosotros mismos, si no nos quedara otro remedio. Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos…” 

Voy a hablaros de uno de esos libros que siguen golpeándonos: El enemigo del pueblo.

casa-de-munecasHenrik Ibsen ha sido probablemente el dramaturgo que más ha influido en el teatro contemporáneo. Así lo consideraba, entre otros, el genio irlandés de James Joyce. Es costumbre, además, etiquetarlo como hito de la literatura feminista por su  Casa de muñecas, drama donde expuso los desvelos vitales de Nora, una burguesa pija que abandona a su marido, Helmer, y a sus hijos una vez que descubre que vive en el autoengaño. Sin dejar de atender la desobjetivización femenina, hay estudiosos, sin embargo, que piensan que es una visión ciertamente reduccionista de la obra. Que Casa de Muñecas se viste de un paño que empequeñece cualquier etiqueta ad hoc para el consumo intelectual de cada época: nuestra cobardía para enfrentar la vida más allá de la inercia de lo preestablecido. En la Molly del Ulysses joyceano podemos ver incluso un trasunto más mundano, más a ras de cama con lamparones, de la Nora ibseniana.

Por otra parte, el aficionado al cine de Ingmar Bergman no podrá dejar de rastrear en los personajes femeninos del cineasta (que empezó como director teatral) los ecos de Nora. El propio Ibsen fácilmente podría ser un personaje cinematográfico del director sueco. Además tenemos las versiones cinematográficas de Casa de Muñecas de directores tan prestigiosos como Joseph Losey (1972) y Fassbinder (1973, en el enlace la peli completa). Podríamos seguir extendiéndonos en la presencia ibseniana incluso en la pintura de Nolde, pero vamos a dejarlo aquí.

En 1882, apenas dos años después de Casa de Muñecas, el autor noruego Henrik Ibsen estrenó Un enemigo del pueblo, drama en cinco actos. Hay una versión cinematográfica de la obra, protagonizada por Steve Mc Queen, más atractiva tal vez para los adolescentes. Cuando yo era un chaval me causó una gran impresión la peli. Es probable que muchos conozcáis la trama.

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Steve McQuee en An Enemy of the People

El protagonista es un médico, Thomas Stockmann. Vive en un idílico pueblo noruego cuya mayor riqueza es un balneario de saludables aguas, incluso curativas. Los habitantes están esperando la nueva temporada por los ingresos que van a dejar, como todos los años, los visitantes de los baños termales.

Ocurre que Stockmann, médico oficial del balneario, se encuentra con que algunos usuarios de la temporada anterior han sufrido fiebres. Decide investigar. Analiza las aguas y descubre que están infectadas por una peligrosa bacteria. Hay que desinfectar, arreglar las instalaciones y sustituir las cañerías.

Claro que tales mejoras impedirían la nueva temporada a la vista. Supondrían un trabajo de al menos dos años. Cuando se lo cuenta a su hermano, que es el alcalde, éste le responde contrariado que su trabajo consiste en no alarmar, que para eso se le paga.

Stockmann insiste. Se convoca una asamblea de los notables del pueblo, de la que es expulsado tras discutir. Poco a poco se va convirtiendo en el enemigo del pueblo. Todos están en contra, desde su propio hermano a los más humildes. Ibsen se encarga de subrayar especialmente, además, el poder manipulador de la prensa, colaboradora obscena con los poderes fácticos en la línea de transmisión con las clases bajas. Ya decía Thomas Jefferson que prefería “una prensa sin gobierno que un gobierno sin prensa”.

La comunidad se confabula contra el doctor, como en los antiguos ritos paganos de sacrificio. Le tiran piedras a su casa, ponen en riesgo incluso la vida de su familia. Sus dos hijos son expulsados de la escuela por pelearse con otros alumnos que se metían con el padre. Stockmann opta, en un arranque muy ibseniano, por no llevarlos más a la escuela. Que les den morcilla. Decide educarlos él mismo y ayudar a su hija, Petra, que es maestra y había sido destituida días antes. Petra ya deseaba fundar otro tipo de escuela. La crítica de Petra estriba en que en la escuela oficial se vive una pantomima y se enseñan “cosas en la que no creemos nosotros mismos”.

MORTEN.
— Es que hemos tenido una riña con los otros chicos en el recreo, y…

EJLIF.
— Porque ellos se metieran con nosotros.

MORTEN.
— Sí, y entonces el señor Korlund ha dicho que sería conveniente que nos quedásemos en casa algunos días.

DOCTOR STOCKMANN. (Chasca los dedos y baja de la mesa.)— ¡Mejor! Me alegro. No volveréis a pisar la escuela.

LOS NIÑOS.
— ¿No? ¿Nunca?

SEÑORA STOCKMANN. — Pero, Tomás…

DOCTOR STOCKMANN.
— Nunca. Les enseñaré yo mismo. Ya no tendréis que estudiar nada de nada; pero, eso sí, haré de vosotros hombres libres y superiores. Para ello, Petra, necesitaré tu ayuda, ¿me oyes?

PETRA.
— Cuenta conmigo, papá.

DOCTOR STOCKMANN.
— Instalaremos la escuela en la sala donde me insultaron llamándome enemigo del pueblo. Pero se requerirá que vengan más alumnos aún; me hace falta lo menos una docena de muchachos para empezar.

SEÑORA STOCKMANN.
— No los encontrarás en toda la ciudad.

 

Para los adolescentes de hoy la obra presenta un debate tan interesante como polémico, ausente por lo demás en nuestros días, concerniente a la educación. Un debate que, no obstante, está bien vivo en Platón y en Schopenhauer. Nada más y nada menos que la solvencia de la democracia cuando las mayorías no están educadas y están dirigidas únicamente por la ambición de los mediocres y la mentira. Sí, nos sorprenderá leer semejante polémica ya instalados entre los carriles de la dirección impuesta por lo políticamente correcto. Pero por sí misma la obra de Ibsen es un propio ejercicio contundente y encomiable de democracia en tanto somete a debate la legitimidad del poder y las fallas y manipulación del sistema formal. En la obra de Ibsen aparecen expertos en dobles lenguajes, medios de comunicación al servicio del poder y el interés egoísta partidario escondido como “bien común”.

¿Qué importa que tengas la razón si no tienes el poder?, le pregunta el doctor a su esposa. Todo acaba siendo cuestión única de poder, encubierto a conveniencia bajo el nombre de lo contrario que representa. La moral y la verdad juegan en otra dimensión excluida de la comunidad salvo en referencias formales sin praxis.

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Escena de Marat/Sade dirigida por Steve Barnes

L’Ami du peuple  fue el periódico político más conocido a inicios del periodo revolucionario francés, creado y publicado por Jean-Paul Marat entre 1789 y 1792. En El amigo del pueblo Marat publicaba listas con nombres de “conspiradores contrarrevolucionarios”. Una vez señalados acababan desfilando por el cadalso. Los propios revolucionarios, y no sólo los moderados, temblaban cuando aparecía una edición. Si su nombre era señalado en el panfleto podían considerarse ya muertos en vida. Recomiendo otra famosa obra de teatro: Marat/Sade de Peter Weiss, donde el revolucionario de las clases más humildes dialoga con el filósofo Sade. El tema es si la verdadera revolución es aquella que se impone sobre los demás o la que se impone sobre uno mismo a través de la educación. Cambiar la sociedad a la fuerza siempre acaba en sangre. Cambiarse a uno mismo acaba en esas pequeñas tragedias personales, como en Casa de Muñecas de Ibsen con la que comenzábamos el texto. Desde luego lo segundo es menos cruento y más fructífero culturalmente y, a medio plazo, democráticamente. Porque nunca tendrá el mismo valor una democracia de ciudadanos con capacidad crítica que una democracia formal de meros estafermos.

Necesitamos personas a las que no les importe quedar como enemigos del pueblo por decir la verdad.

En cualquier caso, el enemigo del pueblo acaba por ser uno mismo. En nuestro fuero interno sabemos siempre la verdad que nos censuramos, tanto como sabemos la mentira con que a veces la enfrentamos por puro interés personal. No son tiempos en que la emancipación y la autocrítica tengan buena prensa, tal vez nunca lo fueron salvo en la superficie. De ahí la necesidad constante de un enemigo del pueblo como Thomas Stockmann y de no olvidar la frase con mayor repercusión de la obra, tanto que suele encabezar las ediciones.

Es el último golpe en el mentón que nos da Ibsen contra lo previsible y el prejuicio:

“El hombre más fuerte es el que está más solo.” No por nada es una idea que ya estaba presente en Schopenhauer o en nuestro Gonzalo Torrente Ballester cuando afirmó que no hay peor soledad que darse cuenta de que la gente es idiota. Cosas de lo que Bécquer llamó “el imperio de la conciencia”. Cosas de la misión de la literatura: hacernos más dignos incluso pagando el precio de la soledad.

Cuestión, en definitiva, de dignidad.

 

 

ADDENDA PARA TRABAJAR…

… con los jóvenes Casa de Muñecas de Ibsen y el feminismo, la obra se encuentra en pdf aquí.

Un enemigo del pueblo, por su parte, tiene edición barata en Alianza, 2018, unos once euros. En edición digital gratuita, aquí.

Ambas obras son aconsejables para ser representadas en parte por los alumnos de 3º y 4º ESO y de Bachillerato, al menos en escenas elegidas o recreadas por ellos mismos a su manera. En cualquier caso el debate que proponen ambas obras, sin necesidad de representación, resulta bastante beneficioso para el desarrollo del pensamiento crítico.

Como no tengo versión premium de wordpress no puedo subir videos, asunto que me ha frustrado en más de una ocasión; así que me contento con pasaros por aquí un enlace a una escena de youtube sobre el papel de la prensa en la versión cinematográfica de Un enemigo del pueblo de 1978. Es un engorro porque los videos de YT desaparece con el tiempo y el enlace acabará siendo efímero. Pero no tiene desperdicio la escena.

Y aquí el enlace a la versión teatral de Estudio 1 de RTVE, que aún no he visto y, por lo tanto, no puedo valorar.

 

El forastero misterioso

9788420637648Aquí os dejo un pequeño homenaje al escritor norteamericano Mark Twain. Philip Traum es un personaje de su cuento, más bien novelita, más misterioso. Fue su última gran obra, que recomiendo encarecidamente: se llama El forastero misterioso (The Mysterious Stranger). Aquí una introducción de la edición de Anaya para jóvenes.

Traum en alemán significa “sueño” y en la misteriosa novelita de Twain representa a Satanás como espejo onírico de las ambiciones humanas. La obra tiene muchas claves interpretativas, algunas que van más allá de lo que aquí podemos desarrollar. Como hecho raro, en comparación al resto de la obra de Twain, está ambientada en Europa y en la Edad Media. En cualquier caso, Satanás representa en la obra de Twain la facilidad con que cubrimos cualquier soborno moral interior en beneficio de nuestros pequeños egoísmos. Hay claves que se escapan al profano como la identificación de Traum con el número 44.

A los jóvenes os será más fácil interesaros por el relato después de ver este pequeño video que fue censurado en Estados Unidos:

El forastero misterioso

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(el enlace está arriba, no en la imagen, aquí en la versión no premium no puedo subir videos propios ni de youtube)

Por lo demás, en la segunda parte del poema que aquí os dejo se hace referencia a la muerte del escritor. Como es bien sabido, nació un día en que apareció en el cielo el cometa Halley. Mark Twain, cuyo nombre real era Samuel Clemens, predijo que moriría cuando apareciera otra vez dicho cometa. Y así sucedió más o menos: murió al día siguiente de que reapareciera. También hay referencias a su cama, donde escribía, que tenía cuatro ángeles tallados (no os perdáis, si la encontráis, la foto de su bañera, una auténtica biblioteca-escritorio). Ya veis, en términos astronómicos la existencia humana se nos presenta bastante fugaz:

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Por lo demás y sin el menor atisbo de duda, entre las lecturas mejores que pueden enriquecer la adolescencia (no menos la edad adulta), y por fortuna políticamente incorrectas, se encuentran Tom Sawyer y Huckleberry Finn.

En fin, podría contaros mil anécdotas del señor Clemens. Sólo os dejaré con la miel en los labios con una de ellas. Poco antes de morir tenía una amante, también escritora, que era médium. Cuando murió el escritor, dicha señora apareció con una pequeña novela que decía que le había dictado Twain desde el reino de los muertos. Recuérdese que Twain era muy aficionado a hacer este tipo de bromas con los editores, quienes en sus últimos años lo traían por la calle de la amargura. Los especialistas han analizado el texto y, en efecto, puede ser obra de Twain. No cuesta mucho imaginar la risa de los dos amantes en la cama pensando en la futura burla de presentar un texto real como dictado desde el más allá.

Mi pequeño y sintético homenaje, perpetrado en versos:

 

Unknown

 

PHILIP TRAUM

I

También Dios fuma pipas de maíz

tumbado, el firmamento

sin redención encima de Huckleberry,

niño travieso y viejo eterno:

como arriba es abajo, como abajo es arriba.

 

Quién sabe si sonríe en los bigotes

de Samuel Clemens cuando imagina Mark Twain

a un forastero extraño

prestidigitador de los deseos,

con número investido, que es el 44,

en una villa medieval y austriaca

–cuyo nombre alemán, Eseldorf,* sabe

la condición humana resumir–,

ángel de esos que enseñan:

sé una buena persona y te quedarás solo.

II

Rasgadora la pluma centellea

en el último folio

cual cometa de paso cenital,

definitivamente

cosquillea el perique** en la nariz

del escritor tumbado:

más de una década que estudia

un yo de la vigilia y un yo del sueño,

en templo convertida

la cama, custodiada

por cuatro ángeles en cuatro orientes,

entre volutas donde la fe ciega

cae sacrificada.

Que el yo ni es yo ni es alma,

no es más que un pensamiento,

un sueño, una visión,

que no hay Dios ni universo,

ni el cielo ni el infierno, ni humanos

que de verdad los sueñen.

El sueño solamente… solo sueño.

 

* “Esel”, asno en alemán. “Dorf”, pueblo. Pueblo de asnos

** Perique, tipo de tabaco burley para pipa, propio del Sur de Estados Unidos.

 

Oda a la Alegría

(interprétese tres cuartos maestoso y un cuarto giocoso)

Marina todavía no había cumplido los seis años. Desde los cuatro aprendía a tocar el piano. Cuando el virus comenzó a asolar a los viejos, a muchos que ya estaban enfermos e incluso a algunos jóvenes y niños de su país, le dio por interpretar una y otra vez, y muy seriamente, la Oda a la Alegría de Beethoven.

A su hermana Shirah le quedaba aún medio año para cumplir los cinco. Cuando el virus, se reía a carcajadas viendo en la tele unos dibujos protagonizados por una Reina Culito. La bien trazada raja del gran culito de la Reina Culito se transformaba en una sonrisa capaz de que cualquier virus, o cualquier pensamiento adulto, estallaran como un globo o una burbuja de jabón.

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El más pequeño, Arturo, había cumplido tres años en plena pandemia. Le regalaron un coche teledirigido que chocaba contra las patas de las sillas y las mesas mientras Marina seguía tocando la Oda a la Alegría a la vez que Shirah se reía con el culito de la Reina Culito y preguntaba por qué llamaban culito a un culo tan grande.

Al papá le gustaba, entre todas, que Marina interpretara Greensleaves. A Marina no le importaba hacerlo, pero en cuanto desayunaba se dirigía al piano y tocaba arrebatadamente la Oda a la Alegría. Sus dedos lograban que la furia de sus cinco años, uno por cada dedo de sus dos manos, dominaran toda la casa. Era la misma furia que le afloraba por saber cosas que no podían saberse todas a la vez.

Por ejemplo, durante el virus había preguntado a su padre, que estaba leyendo en la terraza El conde de Montecristo, cómo nació el mundo. Captura de pantalla 2020-04-28 a las 15.15.01Ella conocía ya el nombre de todos los planetas del sistema solar, así que su padre se atrevió a mostrarle en el teléfono imágenes de la Vía Láctea y luego de otras galaxias mucho más grandes. Contemplaron en silencio muchas imágenes, pero no supo contestarle. Ni siquiera a la pregunta final de la niña de cómo, si el universo no tenía fin, podía sacársele a todo una foto en condiciones. El caso es que a los tres días llegó a casa una edición adaptada de El conde de Montecristo. Marina y su padre se sentaron juntos en la terraza, sin preguntas, a leer cada uno su Conde. Al poco fueron interrumpidos cuando Arturo decidió que era una buena idea sacarse la gurrina y orinar en el bidet. Las carcajadas de Shirah retumbaron como cuando veía a la Reina Culito.

El virus había dividido la Historia Universal de los pocos años de los tres hermanos en dos: el tiempo antes del virus y el tiempo durante el virus. La era del virus les permitía pasar todo el día junto a sus padres. ¡Directo, Crochet y Gancho! ¡Uno, dos y tres! Primero fue Marina quién aprendió los golpes básicos del boxeo. Su padre había pensado que la furia de los dedos que tocaban la Oda a la Alegría podría servir un día para que la protegiera en caso de necesidad. Como Marina transmitía a sus hermanos todos los conocimientos que iba adquiriendo, al poco los tres golpeaban, con su puños apretados como cantos rodados de la playa, la cabeza del padre y el culito reina de la madre sin dejar de entonar como un grito de guerra ¡Directo, Crochet y Gancho!

Cuando la ausencia de viento lo permitía, se subían al ático donde corrían y entrenaban sus golpes. Allí fue donde Shirah descubrió una sonrisa en el sol, tan grande como el culito de la Reina Culito. Marina observaba, como una estatua con ojos de lechuza, cómo algunos vecinos aplaudían todas las tardes, sin sumarse. Nunca le había gustado que la miraran, ni siquiera cuando tocaba al piano. Incluso rehuía sacarse fotos y videos. Era una de las cosas más fastidiosas de la era del virus: que la quisieran apresar frente a una pantallita, salvo si era para jugar al ajedrez, ver a alguien tocando música o a sus abuelos. Arturo y Shirah, por su parte, movían sus culitos, encima de un arcón, bailando las canciones de los vecinos, quienes, por arte de magia, parecían más alegres que en la era anterior al virus.

Hay que precisar, a estas alturas del relato, que Marina había nacido con una mirada de sospecha sobre el mundo, Shirah con una mirada apacible y Arturo con una mirada de sorpresa. Los tres, sin embargo, estaban de acuerdo en que no querían salir cuando acabara el virus. Y mucho menos ahora que su madre les había comprado pinceles, pinturas y lienzos. ¡No podían salir!, se encontraban demasiado ocupados en pintar, cada uno a su estilo, el cuadro elegido por Marina: un jarrón con girasoles de Van Gogh.Captura de pantalla 2020-04-28 a las 15.02.48 A Shirah, en embargo, cuando rebuscaron en los libros de mamá, le habían atraído más las Tres Gracias de Rubens, cuyos sendos culos llenaron de nuevo de risas el salón de la casa. Convinieron en que eran difíciles de copiar, aunque, en realidad, ninguno de los tres creían que algo les pudiera resultar irrealizable, mucho menos en tiempos del virus. Simplemente primero decidieron empezar por las flores. Marina las intentó pintar de manera muy parecida a la ilustración original. Shirah, por su parte, se valió de trazos más largos y dejó el fondo tan blanco como el culo de la Reina Culito. Arturo cambió los colores del original y en el suyo predominaron los azules y grises de tal manera que el jarrón se convirtió en una locomotora con su correspondiente estela de humo.

Los tres no querían volver al colegio de ninguna de las maneras. Y eso que no tenían miedo al virus y que les atraía ponerse mascarillas como los bandidos. Sí tenían miedo, en cambio, a que no volviera Chispa, la perrita que se había ido al principio de llegar el virus y que aún no había regresado. Habían pasado tres meses desde que se fue y seguían preguntando cuándo volvería. Acordaron sólo salir en caso de ir a por Chispa o a recoger piedrecitas de la orilla, o bien a comer pollo con patatas fritas en un bar. Pero al colegio no. Luna, tan blanca y pequeña como Chispa, no se había ido de viaje a ninguna parte, aunque sospechaban que también planeaba escaparse para comer pollo. Sus pequeños bocados y ladridos siempre se unían a los pequeños puños en las peleas de ¡Directo, Crochet, Gancho!

Llegó el día en que sus padres dijeron a los tres que podían salir con ellos si les apetecía pasear. Marina, en cuyo rostro la sospecha no dejaba espacio al miedo, respondió que no y sus dos hermanos, como era habitual, respaldaron el juicio de la hermana mayor que sabía interpretar de modo tan serio la Oda a la Alegría. Esa misma noche subieron al ático a contar estrellas. El coche de Arturo había aprendido a no dar topetazos contra los muros, incluso en la oscuridad, y sorteaba ágilmente las patas de las sillas. Marina seguía inquiriendo de dónde habían salido los planetas. Y Shirah preguntó, antes de que todos bajaran a dormir, si la luna no sería el culito de alguien muy grande de espaldas a todos, el culito de quien hizo al mundo.

El capitán de la peste

El Conde de Montecristo es una de las obras más conocidas –y recomendables para los jóvenes– de la historia de la literatura. Escrita en 1844 por Auguste Maquet fue atribuida, y lo sigue siendo erronéamente aún, a Alexandre Dumas padre, quien pagaba a negros y colaboradores para sus obras dándoles al final un repaso supervisor. Aquí tenéis la obra en pdf.

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Alexandre Dumas père & Auguste Maquet

Uno de los fragmentos más conocidos de El Conde de Montecristo es el confinamiento en la prisión del Château d’If de su protagonista, Edmundo Dantes, donde conoce a otro prisionero, el abate Faria, que lo instruye y le da el mapa de un tesoro antes de la fuga.

Si visitáis un día el castillo de If, frente al puerto de Marsella, veréis que una de las celdas está distinguida por haber sido la celda de un personaje real, Jean Baptiste Chataud.

 Fue el capitán del Grand Saint Antoine, barco que llevó la peste a Marsella en mayo de 1720. De las 400.000 personas que vivían en la Provenza por entonces, murieron 120.000. Chataud fue encarcelado por no haber hecho detener su barco en la isla Jarre, destinada a la cuarentena de embarcaciones infectadas. Desde el siglo XIV la peste que diezmó entonces a la población europea había obligado a mantener precauciones sanitarias como las que vivimos estos días.

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Celda en If en la que estuvo encerrado tres años el capitán Chataud

El procedimiento era el siguiente. Cuando un barco arribaba con mercancías de Oriente recibía una patente. Esto es, un certificado expedido por los cónsules de los puertos exportadores a los capitanes de los buques. Podía ser:

–una patente neta, cuando no había muertes por epidemias a la salida del buque;

–una patente sospechosa, cuando existía la sospecha de una enfermedad pestilente;

–una patente bruta, cuando la región del puerto de salida estaba afectada.

Los cónsules dieron a Chataud patentes netas, aunque había partido de puertos del Líbano donde la peste asomaba. De hecho a cien kms de allí, en Damasco, campeaba. En la travesía murieron marineros a bordo del Grand Saint Antoine. Cuando Chataud llegó a Marsella el contrabando de su rico cargamento de sedas, infestadas por pulgas con el bacilo de Yersin, extendió la peste por la región.

Parece pues, en principio, que la culpa fue no sólo de Chataud, sino también de los armadores que intentaron salvar el cargamento y de los cónsules que emitieron las falsas patentes netas.

No sólo murieron, según los historiadores, entre un tercio y la mitad de la población de Marsella. También asoló el hambre. La peste cerró el puerto por treinta meses y la industria cesó. Al día de hoy todavía Marsella sigue recordando una vez al año su Gran Peste.

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Escena de la peste de 1720 en Marsella (pintura de Michel Apriete)

Las epidemias siempre existirán, se repiten como se repiten los errores humanos frente a ellas, del cual no es el menor la negación interesada de la realidad. El médico (llamado cirujano entonces) a bordo del Gran Saint Antoine, expresó su juicio profesional de que el barco estaba infestado de peste. El capitán mantuvo que simplemente aquellas primeras muertes eran producto de la mala alimentación y de unas fiebres.

El propio médico moriría finalmente de la peste antes de que el Gran Saint Antoine desembarcara en Marsella su carga fatal.

 

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Para mayor información: Antonio Lavedan: Tratado de las enfermedades epidémicas, pútridas, malignas, contagiosas y pestilentes (Historia de la peste, en la cual se ha añadido la peste de Atenas, de Marsella y la de Egipto…), volumen II, Madrid, Imprenta Real, 1802. Hay edición digital en Google Libros, que es la que he utilizado.

Algunas actividades sobre el texto que propongo:

  1. ¿Qué es un “negro” en literatura”?
  2. Busca la trama de El Conde de Montecristo y opina sobre ella. ¿Te atrae la lectura de la novela?
  3. ¿Cómo era el comercio internacional en el siglo XVIII? ¿Qué potencias dominaban los mares?
  4. Busca información sobre Alexandre Yersin, quien da nombre al bacilo de la peste.
  5. ¿Qué elementos podrías ver en común en el texto con la crisis sanitaria actual?
  6. ¿Qué es una curva epidemiológica? Valora los resultados de no enfrentar un brote epidémico a tiempo.

 

ENSEÑAR EN TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

Entre la isla de Sicilia y la Calabria de la Italia peninsular hay un estrecho flanqueado por dos monstruos marinos de la Antigüedad llamados Escila y Caribdis. El peligro para el navegante de tiempos homéricos estribaba en acercarse en exceso a uno de ellos. Tan estrecho era el desfiladero que si te alejabas de Escila te arriesgabas a naufragar con Caribdis y si te alejabas de éste el peligro lo representaba el otro.

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Freud subrayó en su día que el acto educativo pasa metafóricamente por dicho estrecho: si te alejas de Escila (la permisividad) corres el riesgo de estrellarte con la frustración encarnada por Caribdis (el orden), y a la inversa. La educación navegaría, para el pensador judío, dificultosamente entre el laissez faire y la prohibición, entre Jauja y la Jaula, entre la libertad y la imposición.

Claro que Freud pensaba, como es lógico, en el acto que empieza a desarrollarse en un aula. Pero vivimos una situación excepcional, la del coronavirus, en la que el canal marino del que se valía Freud para su metáfora educativa se ha visto aún más estrechado, hasta límites insospechados.

Las paredes de una casa, por lo general, siempre van a ser más estrechas que las de un aula.

Nuestros Escila y Caribdis de ahora son el exceso tropical y la nada desértica, entre ambos tuvimos que navegar. Se han cometido errores, como era de esperar en semejante situación. Entre ellos el de la “supermotivación”, rayana en la sospechosa teatralización o mise en scène  y materializada en el exceso de tareas o bien de contacto digital. Probablemente se deba a que somos un colectivo carente, en principio, del protagonismo inmediato que la situación ha proporcionado a otros funcionarios del Estado, como los sanitarios o la policía. (Ya veremos más adelante que no es así, que somos muy necesarios, también ahora, o incluso más que otras veces ahora).

Pero también se han conseguido logros que imposibilitaron el desierto educativo, como el de acompañar a los alumnos y alumnas, tan desorientados como cualquiera, incluidos nosotros, ante la magnitud del desastre sanitario y el económico ya no en ciernes sino en acentuada progresión.  Si algo nos puede enseñar en la praxis lo hasta ahora vivido es que la educación virtual sirve tanto como el sexo virtual o el psicoanálisis on line. La tecnología sólo puede ser un instrumento para la educación, no un fin en sí misma: no puede constituir el escenario esencial más que en una pesadilla distópica. Sin necesidad de referirnos a la escasa alfabetización digital o a que la tecnología incrementa la desigualdad de oportunidades. O por no hablar del filtrado de miles de videoconferencias a través de Zoom. Pero ahí hemos estado los profesores, con nuestra mayor o menor competencia digital.

Una videoconferencia jamás puede sustituir al aprendizaje presencial, como afortunadamente muchos docentes han recalcado estos días. Piénsese que entonces sólo bastaría con que el Estado consiguiera un reservorio de videos o actividades digitales que abarcaran todos los criterios evaluables y en que tuviera a mano a un conjunto de profesores que actuarían como asesores comerciales al uso con respecto a las dudas que los videos y tareas diseñadas supusieran a los consumidores de educación. El sueño de la razón produce monstruos y el sueño de la tecnología produce fantasmas ilusorios.

La_mascara_de_la_muerte_roja-Allan_Poe_Edgar-lgSin embargo, la situación excepcional del coronavirus ha puesto sobre el tapete la necesidad de que los profesores, más allá de su condición de funcionarios y sin olvidarla por descontado, sean conscientes de la esencia de su profesión: enseñar. Y lo que toca ahora es enseñar prevención, formas de enfrentar en casa el miedo y vencerlo, enseñar por qué en China y Japón están habituados a usar mascarillas y juzgan idiotas a los occidentales que en esta pandemia no lo hacen, enseñar cómo podemos evitar contagiar a los demás, enseñar el valor social de la sanidad pública, enseñar ejercicios y formas de alimentación saludables, enseñar que las mujeres y los hombres hemos vivido en otros momentos históricos situaciones semejantes, enseñar qué es un virus y dónde lo ubica la ciencia, enseñar Geografía pura y dura, dónde está Wuhan, cuántos son, de qué viven, enseñar la necesidad de respetar el medio ambiente y luchar contra la contaminación, enseñar dónde está el Krakatoa, qué es el Anillo de Fuego, enseñar la bóveda de semillas de la noruega Svalbard, enseñar cómo combatían en la Edad Media la peste, enseñar que Tucídides hace cientos de años describió a personas sintiendo los mismos miedos y procesos, enseñar quién fue Edgar A, Poe y de qué va La muerte de la máscara roja, enseñar qué clase de oso hormiguero es un pangolín, enseñar por qué la mordedura de un murciélago puede afectar a la circulación sanguínea de una persona y qué tiene que ver con el mito de Drácula además de poder transmitirte la rabia, enseñar qué significa la palabra geopolítica, enseñar qué tipos de coronavirus diferentes al SARS 2 tienen los perros, enseñar qué libertades nos restringen con el confinamiento y por qué su necesidad inmediata, enseñar qué es eso del 5G y por qué locas o no locas razones se queman torres 5G en Holanda y en Inglaterra, enseñar qué es una teoría de la conspiración y cómo mantener un criterio analítico ante su avalancha digital, enseñar qué armas críticas tenemos contra la desinformación y los bulos, enseñar qué es un troll, enseñar qué son los bots y cómo los utilizan los partidos políticos y los servicios de inteligencia de las distintas potencias, enseñar por qué tantas mujeres amadas por Poe empezando por su madre murieron de enfermedades respiratorias, enseñar por qué “antes” morían nuestros antepasados de tisis y qué eso es de la gripe española, enseñar quién fue Voltaire (a quien tanto recurrimos en este sitio) y por qué decía que la civilización no suprime la barbarie sino que la perfecciona, enseñar por qué se utiliza el ozono para desinfectar, enseñar qué es un genoma, enseñar que la empatía es la base de cualquier imperativo moral, enseñar las estadísticas de cada país sobre la enfermedad y qué medidas adoptan, enseñar que los militares sirven no sólo para defender o atacar fronteras, enseñar aquello que dijo el honorable científico Valeri Legasov en los juicios de Chernobyl: que la deuda con la verdad se acaba siempre pagando tarde o temprano.

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Goya

Y un etcétera etcétera como cada cual sea capaz de imaginar y que incluya enseñar que no sólo somos enseñantes, que aún estamos a tiempo de aprender algo esencial y de desaprender cualquier costra superflua.

Si se fijan, enseñando así acaban por aflorar todas las competencias educativas  (en absolutamente todas las materias impartibles) que siempre encomiamos pero cuyas sendas debemos actualizar según la dinámica de las situaciones. Porque unos contenidos inmóviles son unos contenidos inertes, únicamente territorio de la rutinaria inercia o de la mera gestión administrativa encorsetada y excel-sada, auténtico agujero negro que se traga el entusiasmo necesario para cualquier empresa educativa, ese entusiasmo que espoleó la ironía de Mark Twain al afirmar que nunca consintió que la escuela interfiriera en su educación.

 

Una pequeña historia de amor

Para G.

La película que voy a encomiar no es de educación, es de amor. Aunque más o menos tanto monta, monta tanto. Poco amor sin educación y poca educación sin amor. Se trata de Krótki film o miłości. Polonia aún bajo el telón de Acero, 1988: humildemente titulada y traducible como Cortometraje sobre el amor. En español la titularon No amarás. Esta pequeña historia de amor es una de las películas más grandes en lucidez sobre las sombras del amor que he visto. Rodada de un modo aparentemente sencillo, televisivo, nada pretencioso. Elemental, tan elemental como el amor. Esa sencillez que exige mucho trabajo. Tan elemental como el mar que tengo a unos pasos de la mirada, como la arena sobre la que no estoy tumbado, como la luz que me permite ver lo que escribe ahora mismo la punta de la pluma, como el viento que está moviendo las palmeras a lo lejos, el mismo viento que respiro en este instante. Agua, tierra, aire, fuego, y una pequeña historia de amor que contar. (También su final, aviso para quien prefiera verla antes de continuar leyendo.)

 

 

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“No creo en Dios, pero mantengo una buena relación con él”. Kieslowski

El director polaco, Krzysztof Kieslowski, ojos azules, gafas de pasta, omnipresente pitillo, murió en 1996. A finales de los años ochenta rodó diez capítulos para la televisión polaca, El Decálogo, alrededor de los sentimientos implicados en los Diez Mandamientos. Nuestra historia atañe al sexto. Al amor.

Con la caída del Muro de Berlín rondando, rodó en Francia La doble vida de Verónica y la trilogía Tres colores. Nos dejó una Juliette Binoche y una Irene Jacob que no han vuelto a ser tan bellas en películas posteriores bajo otras direcciones. Murió cuando tenía entre manos rodar una nueva trilogía, esta vez sobre la Divina Comedia del Dante. La muerte temprana del cineasta a los 54 años nos la hurtó.

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Me gustan sus películas, si gustar es el verbo apropiado porque no se trata de una tarta de chocolate con helado de vainilla, ni siquiera de un steak tartar de esos, que puede que no me gusten tanto si me atengo a que lo pedí hace años en una primera cita con quien años después sería mi esposa y casi vomito al primer bocado. Aunque parece tan poco elaborada como un tartar e igual de elemental, No amarás está cocinada por el tiempo, a fuego lento, a pesar de su cruda teoría. ¿Me gusta? No tengo ni idea, nunca lo he pensado hasta ahora que escribo sobre ella, en plena época del baladí megusta de las redes sociales. Me gusta ver todo, seguir viendo todo. En tal caso me gustan hasta las películas malas. Mientras se tengan fuerzas para mirar, todo está en orden. Pero esta película no es mala. A ver –precisamente a ver– si consigo hacer que pueda ser mirada. No otra cosa me propongo, que sea mirada. Porque además tiene que ver con el mirar y el ser mirado. No otra cosa expone que sea el amor.

Comienza con un joven que mira, que observa con un telescopio a una mujer mayor que él, de mediana edad, su vecina del bloque de enfrente, mientras aprende portugués. Viven en una barriada de pisos envuelta en la frialdad de las construcciones del entonces Telón de Acero. Torres altas, gente encolmenada.

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Tomek

Pero el telón del mundo para este chico, Tomek, se levanta un buen día. Observa los amores circunstanciales y la desolación de una mujer que vive en el bloque de enfrente. Fruta madura, hermosa, Magda está sola. Abatida en su desolación pero de una forma anodina, nada espectacular: la leche se le derrama en la mesa de la cocina tras sacarla del frigo y llora, y llora y juega con un dedo navegando en el líquido derramado, en la vida fluyente que se le va. Pero no está sola, el telescopio desconocido la acompaña. Como si “ser” consistiera en “ser percibido”, como decía el glotón obispo irlandés Berkeley. Es observada por un malin genie,como aquel que Descartes un día en la cama pensó que le soñaba a él, que su vida era el sueño de otro, percepción de otro. Hay textos clásicos que asustan y luego son muy sencillos y naturales. La gente piensa que Descartes es aburrido y luego lo lees y resulta que es un tipo que cuenta que está junto al fuego en la noche con otros soldados, se arremolina en su capa contra el frío y se pone a pensar y cuenta simplemente lo que pensó. O está en la cama, se mira los pies y piensa si es cierto lo que ve o es el sueño de otro. El caso es que Tomek mira por el telescopio y ve que a la chica se le derrama la leche y luego llora. No hay asesinato, pero se nota la influencia de La ventana indiscreta de Hitchcock en muchos momentos. De mirar se trata.

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El fotógrafo L. B. Jefferies (James Stewart) en La ventana indiscreta

Tomek trabaja en una estafeta de correos. Primer ardid de enamorado: envía cheques falsos para que Magda vaya a cobrarlos infructuosamente. Para verla, para oír su voz.

Ardid siguiente: comienza a buscarse otro trabajo más para acercarse: consigue trabajar de lechero para llevarle la leche cada mañana.

Ella ni repara en él. La llama por teléfono, no se atreve ni a hablarle, Magda sólo escucha su respiración. En nuestros días, sería acoso. En la película es amor inocente. Un día en que ella va a la estafeta a cobrar el falso aviso de una nueva supuesta transferencia, Tomek le confiesa ante el revuelo formado, que es él el responsable de esos falsos avisos, que la ama y la mira.

Entonces Magda se enfada, lógicamente cabreada por los falsos avisos que la han dejado en ridículo en correos. Además no está muy bien de dinero. Hay escenas divertidas. Por ejemplo una de las veces que Tomek divisa con su telescopio que al piso de Magda llega un amante y llama a los empleados del gas para alertar que hay una fuga dando el domicilio de ella. Llegan los empleados cuando los amantes están desvistiéndose, son interrumpidos, Tomek sonríe.

hqdefaultElla se indigna, habla, cuenta y el amante circunstancial de la chica golpea una noche a Tomek. Entre el bloque de Magda y el bloque de Tomek una calle-frontera, como un río entre dos montañas. Desde esa calle-río el amante llama a Tomek, al mirón, eh, baja, que te voy a dar una buena. Tomek baja. Una tunda, un ojo morado y al día siguiente un nuevo amanecer en que deposita la leche en la puerta de la amada. Hay otra escena rebosante de inocencia: una de las veces en que le deja la leche en la puerta, Magda la abre de pronto en deshabillé, se encuentran, cierra la puerta y luego Tomek sube rápidamente a la azotea para ponerse hielo en el cuello. Nieva en la azotea polaca pero Tomek tiene calor en ese momento.

Finalmente Tomek y Magda conversan en un café. Tomek cree en el amor y no ha amado, ella está de vuelta. Magda no cree en el amor a pesar de buscarlo. Lo lleva a su casa, al dormitorio tantas veces observado desde el telescopio. Tomek está dentro como un amante más de los que miraba. imagesElla pone la mano de Tomek en su vulva, la ha puesto allí porque quiere traspasarle que todo es desolación, que el sexo no cura del amor ni de la soledad. Tomek eyacula con los pantalones puestos, es su primera experiencia sexual. Tomek huye a su casa, al edificio desde donde la observaba. Ella le grita que el amor es sólo eso, deseo saciable, que no existe.

Tomek corre, llega a su casa y se encierra en el wc. Tomek se corta las venas. Lo mismo he contado toda esta historia tan mal que parece un hecho exagerado. Me gusta menos el dramatismo o la exageración que un tartar. A pesar de lo que hace Tomek, no hay dramatismo superfluo; Kieslowski nos quiere contar una teoría del mirar y el amar expuesta sencillamente y para poder exponerla se vale de que Tomek decida no querer mirar nada más nunca. Es una película que se aloja dentro como una experiencia, como algo vivido. Te hace mejor porque mueve dentro de ti cosas que el peso de lo previsible suele sepultar cuando no olvidar qué llevamos dentro y escondemos a la mirada del otro.

Existe un tercer protagonista, una mujer mayor: Tomek, huérfano, se aloja en la casa de la madre de un amigo suyo que está ahora en el ejército. Es desde esa casa desde la que observa, desde la habitación del amigo que está en el ejército. Él ocupa el lugar del hijo. Esta mujer, la patrona vieja, le protege, en varios detalles se nota que lo cuida como a alguien suyo. Esta mujer también mira. Observa a su vez que el muchacho observa. Y le habla del dolor, que sólo se arranca con un dolor más fuerte. Como cortarse las venas, habrá pensado Tomek.

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Magda

La mujer amada, Magda, observa como llega la ambulancia al piso de enfrente. Se interesa por el estado del joven. Pasa de ser observada a observar. Tomek está en un hospital. Pero la anciana sigue intentando obstaculizar el encuentro, no permite que Magda acceda a él. Ahora es Magda quien llama por teléfono al piso de él, pero no oye su voz. Ahora es Magda quien desea ser observada, quien desea oír la respiración de Tomek al teléfono, quien observa con unos pequeños prismáticos el edificio desde el que era observada. Finalmente, al regreso del joven del hospital, aun convaleciente, la patrona la deja pasar. Tomek está en la cama, Tomek duerme. Magda se sienta a su lado y ve el telescopio. Ve el telescopio por el que la observaba Tomek mientras aprendía portugués y a amar.

Mira por el aparato y observa su casa: se observa a ella misma derramando la leche, llorando, tal como un día la observara Tomek, pero ahora ve que la puerta se abre y aparece una mano, un cuerpo, un rostro, el del muchacho que le pone una mano, una presencia sobre el hombro. Ve que todo recuerdo remite a lo pospuesto. Como el amor. Con ese futuro abierto de forma tan onírica a través de los ojos de Magda, sentada al lado de Tomek en la cama y mirando por el telescopio, se cierra la película. Pocas veces he visto algo tan lírico, tan elementalmente lírico como ese final. Leí que el director, Kieslowski, grabó un final triste, más presumible. Fue la actriz que interpretaba a Magda la que le sugirió rodar otro: ella mirando por el telescopio y viendo un futuro en que no importa que la leche se derrame.

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El principal voyeurismo de la peli lógicamente es el del espectador, que es el que ve lo que ve Tomek o lo que luego ve Magda. Amar sería como mirar. ¿Entonces no aman los ciegos? Será que es mirar con los ojos cerrados, como miraba Magda por el telescopio con la escena final. Con los ojos cerrados se sueña y amar es soñar. Por eso los ciegos también aman, al menos supongo cuando miran con su pequeño telescopio invisible de marras. Cuando cierras los ojos, amas porque deseas abrirlos para amar de nuevo el mundo. Estoy cansado de escribir, el tiempo se ha ido volando. El mar y los cielos vistos con los ojos cerrados en una azotea no polaca invitan a adormilarse.

Nada que ver con los grises pisos de Magda y Tomek. No amarás es una película en la que no importaba decir el final, se nota desde el principio que al director no le interesaba la intriga (al final deja, además, que la resuelva la actriz), uno está como hipnotizado mirando, viendo una pequeña historia de amor, pequeña pero redonda y en el círculo –que es la pupila de los amantes y de los espectadores- no hay principio ni final.

La isla de las hadas

Vended a vuestros hijos como comida para los terratenientes.

Problema solucionado.

“Me ha asegurado un sabio americano, que he conocido en Londres, que un niño saludable y bien alimentado es, al año de edad, un alimento de lo más delicioso y nutritivo, ya sea estofado, rostizado, horneado o hervido; y no tengo duda alguna de que servirá igualmente bien en un fricassé o un ragoust.”

El autor de Los viajes de Gulliver, el dublinés Jonathan Swift, escribió en 1729 Una modesta proposición, impresionante coronación de la sátira ante la impotencia que produce la explotación durante centurias.

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Protestante –pero como otros muchos protestantes irlandeses indignado por la secular opresión, vejación y exterminio británicos sobre la población local católica mayoritaria–, Swift proponía en su ensayo que los campesinos irlandeses que trabajaban las tierras de los terratenientes protestantes vendieran a sus hijos como comida para resolver el problema de la pauperización generalizada del país.

A mediados del XIX se produjo el primer intento de genocidio contemporáneo en Europa.

Lo llamaron la Gran Hambruna irlandesa, la crisis de la patata, pero fue, en toda regla, un intento de exterminio que en cinco años consiguió que la isla tuviera dos millones menos de irlandeses y que el irlandés se convirtiera en una lengua marginal.

Otras regiones europeas vieron afectados sus campos de patatas por un calamitoso hongo. Las consecuencias no fueron tan dramáticas ni por asomo como en Irlanda. Gran Bretaña controló en los puertos los barcos que traían cereal de América, para seguir especulando con el precio en mitad de la horrenda hambruna. Mientras, los periódicos de Londres se mofaban de cómo los vagos irlandeses morían culpables ante Dios por su desviación católica.

Un nuevo hito en la tradición anglo-normanda de acabar con la autóctona población celta, desde que en el año de 1169 apareciera una flota bárbara frente a las costas de la isla esmeralda.

Desde entonces, la corona inglesa o su versión ampliada abanderada en la Union Jack, plantó protestantes en la isla, aplicó políticas de ora exquisito, ora brutal terror contra los irlandeses (también, y muy señaladamente, cuando fue una República, con Cromwell) y expropió las tierras a los irlandeses (en 1774 sólo el 5% pertenecía a católicos).

Desde entonces, la jerarquía católica vaticana ha traicionado a los irlandeses una y otra vez apoyando el status quo británico.

Se cumplen cinco años desde que comencé a escribir los artículos de este blog que vino abanderado tras las hadas y la afirmación de Yeats de que la educación “no consiste en llenar un cántaro sino en encender un fuego”.

Yo le debía esta entrada a la tierra de las hadas y del poeta. Le debía esta pequeña llama.

Éire, la vieja Irlanda, es una tierra de poetas, de bardos irreductibles que han combatido la injusticia armados con la palabra escrita o cantada.

No extraña que Enrique VIII llegara a declarar ilegal el arpa. De nada le sirvió. Aún es común en la isla que los niños y las niñas aprendan a tocar un instrumento.

Irlanda es la tierra de Yeats y de Swift, pero también la de Joyce, la de Samuel Beckett, la de Oscar Wilde, la de Kavanagh, la de Brendan Behan, la de Bram Stoker, la de Seamus Heany, la de Sean O’Casey, la de Edna O`Brien, la de Lady Gregory, la de Thomas Moore, la de Oliver Goldsmith, la de George Bernard Shaw…

James Joyce, circa 1922

 

Acostumbrada a ser derrotada por la tiranía británica, se ha levantado una y otra vez animada por la voz de sus poetas y de sus tabernas. La propia independencia de Irlanda en 1922 se consiguió tras la revolución de los poetas de 1916: la toma de la oficina central de correos de Dublín y el fusilamiento de Pearse, de Casement y de otros héroes.

Aunque sigue desmembrada por la ocupación británica de seis de los nueve condados del Ulster replantados de protestantes. Y es momento de alucinar con la visión de ese artista kafkiano del hambre que fue Bobby Sands mirando “ese pequeño dosel azul que los presos llaman cielo”, como decía Wilde, a través de los barrotes de una celda. Sands pensando en cuervos.

Los antiguos celtas de la isla se dividían entre aristócratas, hombres libres y esclavos. A la clase aristocrática celta pertenecían los jefes de los clanes, los guerreros…  y los poetas. Los celtas pensaban que la sátira de un poeta podía atraer la desgracia al objeto de ella. No nos extrañe, pues, la proposición de Swift con que comenzábamos el artículo.

Los valores que germinaron en la isla fueron los del valor, la honradez, el sufrimiento y la poesía. Contemplaban conductas como:

  1. Elegir a la esposa por sus virtudes, no por su dote.
  2. No ser violento con una mujer jamás.
  3. Acceder a las peticiones de ayuda de los desfavorecidos.
  4. No huir nunca en la batalla a menos que la proporción del enemigo fuera de diez a uno.

Irlanda es una tierra hermana de España, no sólo por los vínculos galaicos o el común enemigo político histórico a veces o por ese fondo de católicos culturales que no creen en la jerarquía vaticana.

Irlanda es algo más que un territorio con fronteras políticas.

Irlanda, su maltrato secular sufrido, es una bofetada al vergonzoso nacional-narcicismo de territorios mucho más afortunados que no han sufrido nunca lo que ha sufrido el pueblo irlandés.

El nacionalismo poético de Irlanda desborda cualquier nacionalismo político, incluido el propio. Es más, como pensaba Joyce, el nacionalismo político, el irlandés incluido como acabo de escribir, es un engorro y terreno abonado para traiciones, ambiciones condenables y jibarización de la libertad creativa.

Cualquier poeta, nacido donde Dios haya querido, puede sentirse irlandés.

Porque es la tierra de las hadas. Porque es la tierra de los poetas.

Y de las canciones en los pubs. Y es que, no podía ser de otro modo, estoy acabando el artículo brindando con una Guinness, a la salud de todos los que siguen creyendo en hadas que se burlan de toda imposición dogmática, propia o ajena.

Así que viva Irlanda. Libre y unida.

 

 

 

 

 

La peste de la “visualización” de la “educative innovéision”

El pensamiento sobre la educación, por definición, debiera ser un pensamiento sujeto a debate y a análisis compartido y criticado desde la tolerancia, y la necesaria polémica, que permite el intercambio de ideas.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte estamos ante un tsunami de pensamiento único, frente al cual el ámbito educativo en lugar de ser piedra de toque crítica se ha convertido en adalid y espolón sin mayor (ni menor) dialéctica.

Por descontado, ese pensamiento único debe ser “visualizado” en sus sumisas manifestaciones y proyecciones. Entra en juego la necesidad de que los docentes “visualicemos” nuestro trabajo adaptado a la homogeneidad superestructural reinante. Si no visualizas lo que haces es como si no hicieras nada. El fenómeno del Big Data ha llegado a la educación, el dataísmo. Visualizar, visualizar datos cuando no hechos reducibles a datos, inputs, entradas de lo que fuere. Los centros educativos compiten por ver cuál “visualiza” más.

Sin embargo, a nadie se le ocurre pedir a un médico que “visualice” su trabajo o a un bombero sus intervenciones. ¿Se imaginan a un bombero al final de la escalera con el móvil “visualizando” su labor?

¿No es sospechoso ese afán “visualizador”? ¿No significa que están llegando al ámbito educativo modos de actuar y justificarse netamente propios de la profesión política?

Visualizar, visualizar, como si fuéramos incapaces de ir más allá de la imagen. Tanta penumbra, como decía Karl Kraus, un día acabará por dejarnos totalmente ciegos. Una sociedad ciega en manos de la teatralización profesional y política.

El tema de la “visualización” es vergonzante desde un punto de vista racional, ya desde el uso infantil del verbo que pone en marcha el concepto. La innovación educativa, convertida en secta educativa (ver el interesante artículo “No lo llames innovación educativa, llámalo secta” http://www.xarxatic.com/no-lo-llames-innovacion-educativa-llamalo-secta/), necesita “visualizar” sus logros. El resultado es dar una importancia ilustrativa, gráfica, visual, a actos educativos cotidianos que siempre los docentes hemos llevado a cabo; obviedades presentadas como innovación sin ningún rubor.Captura de pantalla 2018-03-14 a las 13.20.48

 

Por supuesto, el acto educativo debe participar, integrarse en las nuevas tecnologías. Debe estar presente en los principales medios porque éstos están presentes tanto en la vida del alumnado como del profesorado. Desde este mismo espacio, durante años hemos intentado expandir lo que realizábamos (vid. la categoría “Proyectos”): el trabajo por blogs, el análisis transaccional, el eneagrama aplicado a la educación.

Otra cosa muy distinta es creer que visualizando lo obvio vamos a parecer mejores profesionales. Porque corremos el peligro de que un día, al paso del Emperador Desnudo en el que todos “visualizan” un perfecto traje, el dedo del niño apunte, como en el cuento, y sus labios sentencien la obviedad:

“El Emperador va desnudo”.

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PD: En otros tiempos inquisitoriales, más lejanos, los conversos debían no sólo abandonar sus costumbres. Debían además “visualizar” que lo habían hecho. La “visualización” entonces consistía en colgar de las puertas de sus casas un trozo de cerdo, de chorizo. De ahí que comenzara a llamárseles “chuetas” y “marranos”.

Hoy más que en las puertas, colgamos nuestra vergüenza en las pantallas digitales.

Claro que siempre nos quedará el arma de la auténtica cultura, la que se apellida irredenta y sabe poner en cuestión lo real, en tanto tengamos en cuenta la reafirmación educativa ilustrada en la que se abanderaba Jacques Lacan aún en pleno siglo XX:

“Nuestro combate son las Luces”.

Mientras queden libros, personas que los lean y los transmitan (como en Fahrenheit 451 de Truffaut), conocimiento generacional acumulable, siempre habrá un dedo lleno de lucidez que clame que el Emperador va en gayumbos. Mande quien mande y mande lo que mande. Porque la residencia de la educación no está en los ojos. Sino detrás de ellos y la batalla por la educación durará, sin remedio afortunamente, desde el principio de la Historia hasta su fin. Porque las armas de la educación transcienden cualquier fin inferior a la misma.

Claudio Arturo Díaz Redondo

 

 

 

 

Mañana es demasiado tarde para vivir

“Te lo ruego, opón a las ocupaciones necias, los pasatiempoPortrait_of_Marsilio_Ficino_at_the_Duomo_Firences vacíos y la actividad innecesaria aquellas palabras de Sócrates: ‘¡Fuera de aquí, enemigos impíos! Fuera de una vez, ladrones de mi alma, para que no sea obligado a alejarme de mí mismo’. Todo ello te sustrae de ti mismo gradualmente, y conduce a la cautividad al hombre nacido para gobernar. Libérate, te solicito, de esa miserable cautividad mientras puedes; pero sólo puedes hacerlo hoy. Sé hoy independiente por vez primera. Créeme, no es juicioso decir ‘viviré’. Mañana es demasiado tarde para vivir. Vive hoy. Lo que te pido, Lorenzo, es fácil. Emplear justa y útilmente una hora de tiempo no es difícil. Dedica una hora cada día, te lo ruego, a alimentar la inteligencia con los estudios liberales, y vive ese breve tiempo de manera provechosa para ti.”

Carta de Marsilio Ficino a Lorenzo Médici